Henry Roncancio's Posts (328)

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Diez beneficios de ser Bilingüe

Allen Caruthers afirme que los siguientes son diez beneficios de ser bilingüe:

  1. Mayor flexibilidad mental
  2. Mayor capacidad de atención
  3. Mayor resistencia a la enfermedad de Alzheimer
  4. Mayor capacidad para resolver problemas
  5. Mayor capacidad para comunicarse
  6. Más habilidad para escuchar
  7. Más conexiones interpersonales
  8. Mayor «insight» cultural
  9. Más oportunidades de empleo
  10. Mayor facilidad y gratificación al viajer
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¿Qué es una adicción?

Una adicción es cualquier conducta auto-destructiva asociada con una dependencia compulsiva, pensamientos obsesivos, y la satisfacción de una necesidad potencialmente irreprimible e irracional  que, por consiguiente, llega a convertirse en algo habitual, repetitivo, y difícil o imposible de controlar. Cualquier adicción afecta progresivamente nuestra salud física y mental y deteriora nuestras relaciones con otros y nuestro normal funcionamiento en la sociedad.  Una dependencia ocurre cuando se desarrolla tolerancia; es decir, cuando con el tiempo es necesario intensificar «la dosis» para producir el mismo efecto. La dependencia puede ser en una sustancia (alcohol u otra droga) o en un proceso (el juego, la actividad sexual, el juego, etc.).

LOS ELEMENTOS DE LA ADDICCIÓN

  1. Físico. Predisposición genética, bases orgánicas, deterioro de la salud física, v.g. trastornos digestivos, problemas hepáticos, deterioro del sistema nervioso.
  2. Sicológico. Causas y consecuencias de tipo sicológico.
  3. Familiar. Conflicto, codependencia y daño a la familia
  4. Espiritual. Deterioro de la relación con Dios y del desarrollo del espíritu
  5. Moral. Sistema de valores pobre, malas elecciones y mayor propensión a cometer otras faltas morales y a adquirir otros defectos de carácter. Desamor, robo, engaño, corrupción sexual, manipulación. excesos de ira, etc.
  6. Sociocultural. Sistemas socioculturales conducentes a las adicciones, cultura de la adicción. Sistemas sociales de apoyo a la adicción, conflictos laborales, económicos y legales. 

CAUSAS DE LAS DEPENDENCIAS

  1. Sustancia química de la droga. Algunas sustancias son más adictivas que otras, bien sea porque producen cambios de estado anímico más rápidos e intensos, o porque producen al dejar de usarlas síntomas de abstinencia más dolorosos.
  2. Factores genéticos. Algunas personas son más propensas a las dependencias porque la química de sus organismos es más sensible a las substancias o procesos que las estimulan. 
  3. La estructura y funcionamiento del cerebro. En uso continuo de sustancias durante un cierto tiempo determinado o la repetición de procesos adictivos altera la estructura y funcionamiento del cerebro a largo plazo. Las adicciones se establecen mediante cambios cerebrales que fortalecen ciertas conexiones de memoria en las respectivas áreas cerebrales.
  4. Aprendizaje social. Este se considera el factor más común y más fuerte. Incluye el aprendizaje de patrones de conducta adictivos aprendidos en la familia, la subcultura, la presión de grupo, o la influencia de los medios de comunicación y la propaganda.
  5. Disponibilidad. La facilidad conque los individuos pueden obtener sustancias como el tabaco, el alcohol y otras sustancias adictivas juega un papel muy importante.
  6. El desarrollo personal. Factores relacionados con la crianza, tales como la falta de responsabilidad, el escapismo, el egocentrismo, la impulsividad, y la manipulación suelen ser factores que facilitan y precipitan las adicciones. Del mismo modo, las dependencias producen o aumentan estos factores, reforzando así los comportamientos adictivos.

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El Espíritu Santo

Para la gran mayoría de cristianos hablar de Dios es hablar del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. Pero esta idea tuvo su origen en épocas mucho más antiguas que el cristianismo. Dios empezó a dar a conocer la pluralidad de su ser desde el principio. De hecho, la palabra hebrea «elohím», que traducimos por Dios en español, es un plural. Además, sorprendentemente, al referirse a la creación del primer hombre, Dios uso también formas plurales para referirse a su intención. Él dijo: «Hagamos al hombre a nuestra imagen y nuestra semejanza» (Génesis 1:26). Por otra parte, el Espíritu Santo aparece desde la primera página de la Biblia inmediatamente después de que el Génesis nos dice que Dios creó en el principio los cielos y la tierra. 

La simbología de estos versos es muy rica. En primer lugar, fijémonos que del verso uno al verso dos el foco de atención cambia súbitamente. De la creación del cosmos pasamos inmediatamente a la tierra. De aquí en adelante la tierra es el centro de interés. El Génesis no es un tratado de cosmogonía, ni el capítulo uno de dicho libro pretende explicar científicamente los orígenes del universo. Lo que el escritor del Génesis está haciendo en el primer capítulo de su libro es ofreciéndonos una visión panorámica del entorno en el cual se desarrollará la historia que nos va a contar a continuación. 

El verso dos empieza diciendo que la tierra estaba desordenada, sin forma, vacía e inhóspita. El espacio estaba sumido en una oscuridad total. Pero el Espíritu de Dios se movía sobre la faz de las aguas. 

La palabra espíritu es el término "ruaj" (ר֫וּחַ) en hebreo. Literalmente la palabra significa viento. Lo mismo sucede en el Nuevo Testamento. Ahí el término es “pneuma" (πνεῦμα), que también en griego significa viento.

No es que el Espíritu Santo sea viento, claro está. Tanto "ruaj" como “pneuma", son signos que evocan el dinamismo y el poder  que observamos en el viento. El viento sopla suavemente o con fuerza. No lo vemos, pero vemos y sentimos sus efectos. Así sucede con el Espíritu Santo. Por otra parte también el aire y la vida son inseparables. Mientras respiramos estamos vivos. Sin el aliento que circula por nuestra nariz estamos muertos. Así, en Génesis 2:7 leemos que Dios formó al primer hombre del polvo seco de la tierra, sopló en su nariz aliento de vida y el hombre llegó a ser un ser viviente.

Génesis 2:1 dice que el Espíritu de Dios se movía sobre la faz de las aguas. Otras versiones traducen: "El Espíritu de Dios aleteaba sobre las aguas." La razón de esta traducción es que el verbo “rajaf" (רָחַף) denota un movimiento con interés, emoción o expectativa. Esta misma palabra la encontramos en Deuteronomio 32:11, donde leemos: "Como águila que revolotea sobre su nido y anima a sus pequeños a volar, así él abrió sus alas, lo agarró y lo cargó en sus plumas." Por supuesto, esto no quiere decir que el Espíritu Santo sea un pájaro. "Rajaf", en nuestro verso del Génesis, evoca la  expectativa emocionada y la actividad del Espíritu Santo sobre las aguas donde habría de gestar la vida, la cual posteriormente transformaría en una maravillosa variedad de plantas y animales y finalmente en un hombre y una mujer, seres inteligentes creados para ser imagen y semejanza de Dios.

En Génesis 1:3 leemos que Dios dijo: «Que haya luz», y brilló la luz en la tierra, desplazando la oscuridad. La luz en la Biblia es un concepto que se relaciona con la presencia iluminadora y reveladora de Dios. Donde está Dios hay luz y descubrimiento. En Éxodo 3, Dios se le manifestó a Moisés desde un arbusto ardiendo en llamas. El fuego era el símbolo del gran descubrimiento y conocimiento penetrante y verdadero que Moisés habría de tener respecto de Dios y sus propósitos. Además el fuego también representaba la santidad exclusiva de Dios.

Así pues, desde la primera página de la Biblia ya encontramos a Dios, la Palabra y el Espíritu, fuente de vida y luz.  Además, según el Génesis y el resto del relato bíblico, desde el principio de todo el Espíritu Santo "revolotea" con interés en la tierra animando nuestra historia con miras a un reposo armónico y final. El primer relato de la creación culmina con las siguientes palabras en Génesis 2:2-3:

«Y acabó Dios en el día séptimo la obra que hizo; y reposó el día séptimo de toda la obra que hizo. Y bendijo Dios al día séptimo, y lo santificó, porque en él reposó de toda la obra que había hecho en la creación.»

La actividad vivificante del Espíritu Santo, por supuesto, no se limita únicamente al principio de la creación. En la Biblia toda la vida en el planeta depende constantemente de la presencia y obra del Espíritu de Dios. Así En el Salmo 104:24 leemos: "SEÑOR, ¡qué numerosas son tus obras, todas ellas nos muestran tu sabiduría! La tierra está llena de tus criaturas." Más adelante en los versos 27 al 30 dice: "Todos ellos dependen de ti;  tú les das su alimento en el momento adecuado. Tú les das y ellos recogen; abres tus manos y comen hasta quedar satisfechos. Cuando te alejas de ellos, se asustan; si les quitas el aliento, mueren y se vuelven polvo de nuevo. Pero cuando tú envías tu Espíritu, ellos recobran su salud y así haces que la faz de la tierra se renueve." Pero el aliento en los seres vivos no es el Espíritu, sino un signo que evoca y nos recuerda su intervención providencial.

Los «Testigos de Jehová» afirman que el Espíritu de Dios no es una persona sino «la fuerza activa de Dios». Sin embargo, los siguientes versos atribuyen al Espíritu Santo acciones, intenciones y propósitos personales.

Lucas 12:12, 1 Corintios 2:10-13 - El Espíritu Santo enseña.

Romanos 15:30 - El Espíritu Santo ama.

Efesios 4:30 - El Espíritu Santo se entristece.

Apocalipsis 2:7 - El Espíritu Santo habla.

Juan 15:26 - El Espíritu Santo testifica.

Juan 16:13, Romanos 8:14 - El Espíritu Santo guía.

Hechos 13:2-4 - El Espíritu Santo envía.

Hechos 20:28 - El Espíritu Santo nombra.

Juan 14:26 - El Espíritu Santo consuela.

Romanos 8:26 - El Espíritu Santo ayuda e intercede

1 Corintios 12:11 - El Espíritu Santo decide y reparte

1 Corintios 2:10 - El Espíritu Santo examina

Es claro, pues, que el Espíritu Santo es un ser personal. Además los escritores bíblicos le atribuyen deidad. Considere los siguientes versos:

2 Corintios 3:17

«Porque el Señor es el Espíritu; y donde está el Espíritu del Señor, allí hay libertad.»

Hechos 5:3-4

«Ananías, ¿por qué llenó Satanás tu corazón para que mintieses al Espíritu Santo... No has mentido a los hombres, sino a Dios.»

1 Corintios 3:16

«¿No sabéis que sois templo de Dios, y que el Espíritu de Dios mora en vosotros?»

Romanos 8:9-11

«Mas vosotros no vivís según la carne, sino según el Espíritu, si es que el Espíritu de Dios mora en vosotros. Y si alguno no tiene el Espíritu de Cristo, no es de él... Y si el Espíritu de aquel que levantó de los muertos a Jesús mora en vosotros, el que levantó de los muertos a Cristo Jesús vivificará también vuestros cuerpos mortales por su Espíritu que mora en vosotros.»

De modo pues que, según la Biblia, el Espíritu Santo tiene atributos personales y divinos y es uno con el Padre y el Hijo. Las palabras e imágenes que usa la Escritura para referirse a él son signos que nos ayudan a aproximarnos a su presencia y su obra. Reducir el Espíritu a una fuerza implica ignorar muchos testimonios bíblicos. Por otra parte, queda otra pregunta que resolver. ¿Podemos esperar en nuestro días las mismas manifestaciones milagrosas que ocurrieron por obra del Espíritu en los tiempos de la Biblia? Este será el tema de nuestro próximo estudio.

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OPCIONES Y TAREAS SEGUN LA EDAD

Del nacimiento a los 24 meses

  1. Recibir cuidado y cariño de una manera consistente.
  2. Acostumbrarse a un horario consistente para acostarse, comer y bañarse.
  3. Tener un ambiente seguro donde explorar su mundo
  4. Escuchar a los padres hablarles sobre su amor y las rutinas en su vida
  5. Aprender que las rabietas no son formas apropiadas de buscar la satisfacción de sus necesidades
  6. Escoger qué libro quiere que le lean al irse a dormir
  7. Físicamente redireccionar a los niños o quitarlos de lugar.

De 2 a 3 años

  1. Escoger un juguete de dos para jugar con él en el momento
  2. Recoger los juguetes
  3. Llenar el recipiente de una mascota (si la tiene)
  4. Poner la ropa sucia en su lugar
  5. Secar cuando derrama algo
  6. Limpiar el polvo sobre ciertas meses
  7. Recoger libros y revistas
  8. Establezca y mantenga las rutinas
  9. Use palabras claras, concretas y de ejemplos
  10. Anime a los niños a expresar sus sentimientos con palabras en vez de rabietas o lloriqueos
  11. El niño debe aprender a escoger entre estar con el grupo y portarse adecuadamente o retirarse a otro cuarto solo para calmarse.

De 4 a 5 años

  1. Tender su cama
  2. Botar la basura de recipientes pequeños
  3. Recoger el correo o el periódico
  4. Recoger la mesa
  5. Arrancar yerbas en el jardín
  6. Regar las flores
  7. Sacar los platos y cubiertos de la lavadora de platos
  8. Laver platos y pasillos de plástico
  9. Prepararse un plato de cereales
  10. Escoger entre actividades que les gusta

De 6 a 7 años

  1. Separar la ropa blanca y de color para lavar
  2. Barrer el piso
  3. Poner y recoger la mesa
  4. Ayudar a hacer y empacar su almuerzo (comida)
  5. Recoger las hojas del jardín con un rastrillo
  6. Mantener su cuarto, su cama y sus juguetes organizados
  7. Iniciar un sistema de asignación y manejo de dinero
  8. Identificar privilegios que pueden ganarse o perderse según sea el comportamiento

De 8 a 9 años

  1. Poner los platos y cubiertos en la lavadora de platos
  2. Empacar el mercado
  3. Aspirar
  4. Ayudar a cocinar
  5. Prepararse sus propios refrigerios
  6. Pegar botones
  7. Alistar su propia ropa para lavar
  8. Preparar su propio desayuno
  9. Trapear
  10. Cocinar alimentos simples
  11. Sacar a pasear a la mascota

De 10 años en adelante

  1. Secar y soblar la ropa
  2. Lavar los baños
  3. Lavar ventanas
  4. Lavar el carro
  5. Cocinar con supervisión
  6. Planchar
  7. Cuidar bebes
  8. Limpiar la cocina
  9. Cambiar las sábanas, fundas y sobre sabanas.
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Empecemos este artículo haciéndonos seriamente una pregunta. ¿Conducen todas las doctrinas religiosas a un mismo Dios?  Alguien podría pensar: ¡Qué importa lo que uno crea acerca de Dios! De todos modos nadie puede conocer a Dios exhaustivamente. Para algunos hablar de quién es Dios puede parecer un ejercicio especulativo sin fundamento alguno. Sin embargo, los cristianos partimos de la fe en que Dios existe y ama. Si en realidad existe un Dios que nos ama, es natural que quiera comunicarse con nosotros y que busque dársenos a conocer. La segunda pregunta, por supuesto, es ¿cómo se nos da a conocer Dios? La respuesta es que primordialmente Dios se nos revela por medio de Las Escrituras Sagradas. La Biblia es el lugar de encuentro entre Dios inefable y el hombre que busca acercarse a Dios desde su lengua y cultura. En el lenguaje bíblico se empalman la mente infinita del Creador y la mente finita de la criatura. En Las Escrituras nos encontramos con experiencias originarias de Dios, quien se da a conocer, aunque limitadamente, de maneras accesibles a nosotros. Así, pues, para conocer a Dios con verdad, tenemos que partir de La Biblia.

Para los cristianos, La Biblia consiste de dos partes. En la primera, encontramos una historia en la que Dios se hace presente en medio de las esperanzas y tensiones de su pueblo hasta que llega Cristo. En la segunda, leemos acerca de las buenas noticias de la venida de Cristo y sus implicaciones para la humanidad. A partir de este hecho, tenemos que preguntarnos: ¿Qué significa Jesús para nuestra comprensión de quién es Dios? En el contexto de la narrativa bíblica, Dios que es trascendente se une con la humanidad por medio de Jesús. La venida de Jesús es determinante para conocer a Dios y seguir sus propósitos.

El término Dios en la Biblia es algo ambiguo. Por una parte, puede referirse a Dios, Padre de Jesucristo y por otra a Dios, en cuanto Padre, Hijo y Espíritu Santo. A Dios también la Biblia lo llama Señor o Rey, Todopoderoso o Altísimo. En Jesús la gloria de Dios asume la humillación y la pequeñez. El Rey nace en un pesebre, cabalga en un asno y muere paradójicamente habiendo sido coronado con espinas, y con un título sobre su cabeza que dice: «Este es el rey de los judíos». El Pastor, se vuelve cordero y en una visión de la realidad última únicamente el cordero inmolado es digno de acercarse al trono de Dios. Estas no son fotografías de Dios. Dios no es un padre ni un rey en el sentido literal de las palabras. Estas palabras e imágenes son mas bien señales que dirigen nuestros pensamientos hacia Dios.

El Dios de la Biblia nos repite con actos y palabras que nos ama. Su amor no es circunstancial ni está condicionado a nuestras respuestas. Amor es simplemente lo que Dios es (1 Juan 4:7). Dios nos ama como un padre a su hijo (Hoseas 11:1-4) o como una madre a sus críos (Isaías 49:15; 66:13). El Dios de la Biblia es único. Puede haber mucha gente que imagine y adore muchos dioses, pero en realidad solo existe un Dios (Isaías 43:10-11) que creó todas las cosas, y nos creó a usted y a mí, como una expresión de su amor, el cual es antes del tiempo. De igual manera, Dios es el único que nos salva por su amor inmenso, eterno e infinito. 

En la narrativa bíblica, los que fueron testigos de la vida de Jesús presenciaron un acontecimiento extraordinario. Dios se reveló en forma humana. El Creador y Redentor encarnó en nuestro tiempo y espacio el amor eterno del Padre al Hijo y del Hijo al Padre. Desde esa condición humana, sometiéndose voluntariamente a las fuerzas contradictorias que siembran muerte en la creación, Dios demostró su proyecto de salvación. Absorbió la muerte en la vida y unificó a la criatura con el Creador para satisfacer el amor del Padre. Murió injustamente sacrificado, pero resucitó en gloria al tercer día. La garantía de que ese asombroso suceso de la resurrección fue el primer fruto del propósito último de Dios, el cual es la unificación del cosmos bajo la influencia de Cristo (Efesios 1:10), es el Espíritu Santo (Romanos 8:11). 

Los escritores del Nuevo Testamento recogieron esas experiencias y nos las transmitieron sin elaboración dogmática. Durante varios siglos después de la muerte de los apóstoles apologistas, estudiosos de la fe y líderes cristianos bregaron con la idea de explicar la fe que encontraron en el testimonio sencillo e inmediato de los primeros cristianos. De un lado, desde el comienzo la iglesia adoraba a Cristo, reconociéndolo Señor. Por otra parte, los escritores bíblicos no dudaron en hablar de la humanidad de Cristo y de su subordinación al Padre. Cuando la iglesia se extendió por todo el imperio y fue necesario explicar la razón de la fe a los intelectuales de la época, muchos cristianos recurrieron a los escritos de los grandes filósofos para hablar de la naturaleza de Dios. 

En el contexto de este encuentro con la filosofía griega, una de las controversias más importantes que surgió en los siglos tercero y cuarto tuvo que ver con la naturaleza de Cristo. La pregunta fue si Cristo era una misma esencia con Dios o no, y si compartía la eternidad con Él o no. Muchos cristianos, liderados por Arrio (256-336), afirmaban que Jesús no era eterno, y por consiguiente no era igual a Dios. Muchos otros, bajo la dirección de Alejandro, obispo de Alejandría, creían lo contrario. Ahora bien, la iglesia durante los primeros dos siglos había dirimido sus diferencias mediante extensas discusiones y aferrándose a la verdad apostólica y la practica de la santidad. Pero a partir de la conversión de Constantino tenía el recurso novedoso de la autoridad civil para resolver sus problemas estableciendo credos oficiales. En el concilio de Nicea (325) se afirmó oficialmente que Jesús era eterno como el Padre y era de la misma esencia (ousía en griego) que él. Posteriormente el dogma de la trinidad se refinó y se fijaron conceptos oficiales para referirse a la esencia («osuna» en griego), la persona («prosopos» en griego), la sustancia personal («hypostasis» en griego).

Como puede verse, la elaboración teológica pos apostólica de lo que es Dios está enmarcada en las categorías de la metafísica griega. Nosotros preferimos las afirmaciones escuetas del Nuevo Testamento. Sin embargo, antes de mencionar algunas, veamos qué dicen los Testigos de Jehová.

Los Testigos de Jehová son una agrupación religiosa fundada en 1881 por Charles Taze Russell y que pretenden restaurar el cristianismo primitivo, basándose en su propio entendimiento sectario, parcial y descontextualizado de la Biblia. Decimos que su entendimiento de la Biblia es sectario porque sus dogmas se definen y difunden desde su sede central en Brooklyn, Nueva York. Es parcial, porque parte de textos aislados y tomados fuera de su contexto literario. Y es descontextualizado porque no toma en cuenta los respectivos contextos histórico culturales que sirvieron de marco a los escritos bíblicos. Veamos, pues, qué enseñan respecto a Dios.

Primero. Los Testigos de Jehová creen que Dios es un ser unitario.

En su libro, «Sea Dios veraz» leemos:

«Hubo, por supuesto, un tiempo en el que Jehová Dios estaba solo en el espacio universal. Toda la vida, la energía y el pensamiento estaban contenidos en él solo… Luego llegó el momento en el que Jehová empezó a creer…» (p. 25).

Segundo. Ellos creen que Cristo no es eterno, sino que fue creado.

En su libro «Buenas nuevas que le harán feliz» leemos:

«Durante toda esta actividad creadora, Jehová tenía a su lado un ayudante –un obrero maestro– el más amado de todos sus hijos angelicales en el cielo invisible» (p. 69)

En otra parte leemos:

«Tal como él (Cristo) es la más alta creación de Jehová, también es la primera, la creación directa de Dios, el único engendrado por el Padre» (Russell, Estudios sobre las Escrituras, Vol. V. p. 84)

En otra parte dice:

«Jesús no fue medio Dios y medio hombre. No fue Dios en la carne. Para expiar la transgresión de un hombre (Adán), el “hombre Jesucristo” tenía que corresponder exactamente al Adán que una vez fuera perfecto. Tenía que ser un hombre perfecto, nada más, nada menos.» (Buenas Nuevas, p. 118)

También dice:

«Al Hijo se le describe como “unigénito” porque fue la primera y única creación de Dios» (Buenas Nuevas, p 117)

Finalmente, en «Sea Dios Veraz» dice:

«¿Quién dirigió el universo durante los tres días que Jesús estuvo muerto en la tumba? Si Jesús era Dios, entonces durante la muerte de Jesús, Dios estaba muerto y en la tumba. Si Jesús era el Dios inmortal, entonces, no podía morir» (p. 109).

Veamos ahora los siguientes versos bíblicos:

Juan 1:1-3

Isaías 7:14, Mateo 1:23

Juan 15:17-18.23.26

Juan 8:48-59

Filipenses 2:5-8

Colosenses 1:15-17

 Isaias 9:6, Tito 2:13

Juan 20:24-28

Juan 5:16-23

Isaías 44:6, Apocalipsis 1:9-18

Closeness 2:9

Mateo 3:16-17

Judas 20:21-22

1 Juan 4:7-15

1 Pedro 1:1-2

2 Corintios 13:14

Romanos 8:8-10

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¿Qué creen los musulmanes acerca de Dios?

Si vamos por ahí preguntándole a la gente que creen acerca de Dios, es claro que nos van a dar distintas respuestas. Unos nos dirán que definitivamente no creen en Dios. Estos son los ateos. Para ellos no hay ninguna posibilidad de relacionarse con Dios porque definitivamente están convencidos de que no puede existir nada o nadie que se asemeje a lo que los cristianos llamamos Dios. Otros nos dirán que no están seguros. Estos son los agnósticos. Ellos piensan que es imposible saber con ningún grado significativo de seguridad si Dios existe y por consiguiente no pueden intentar tener ninguna relación con él. 

Por otra parte, hay quienes piensan que Dios es algo así como la substancia única de la cual todas los cosas que nos rodean son simplemente manifestaciones diversas. Esta visión de Dios es común en los monismos orientales y en el pensamiento de la Nueva Era, que ha inspirado numerosos grupos, escritos, videos de auto ayuda y terapias holísticas. Para ellos la espiritualidad consiste en un sentido de unificación con todos los hombres y con el universo, no en una relación con un Dios personal externo a nosotros. Cuando al candidato a la presidencia en Estados Unidos, Barnie Sanders, unos cuantos días antes de las primarias en Carolina del Sur, le preguntaron acerca de su espiritualidad, él respondió con una versión secularizada de estos temas que su espiritualidad era básicamente la convicción de que «todos estamos en esto juntos».

Otras personas están convencidos de que tiene que existir un Ser Superior, Creador de todo lo que existe. Pero no han hecho ningún intento real de encontrarlo con certeza. Simplemente se lo imaginan a su manera y basan su relación con Él en su propia imagen mental. Hay también personas que saben mucho de Dios. Han sido enseñados por otros o han oído hablar mucho de él. Pueden decir muchas cosas ciertas sobre Dios. Pero en realidad no tienen una relación cercana y personal con Dios. Pueden hablar de quién es Dios, cuáles son sus atributos, que planes tiene y que aprueba o desaprueba; pero no pueden decir que lo conocen íntimamente. No han tenido encuentros vivenciales con Dios y su Palabra. Por último, hay quienes conocen a Dios personalmente. Basan su conocimiento en lo que Dios ha dicho acerca de Él mismo, lo que han aprendido de Él mediante sus propias experiencias personales, y lo que otros, que también han oído la Palabra de Dios, dicen o han dicho de Él.

Podríamos decir que los musulmanes pertenecen a la penúltima categoría. Ellos pueden afirmar muchas cosas ciertas sobre Dios. Su concepto es mucho más cercano al cristianismo que las ideas hindúes, budistas o incluso mormonas. Los musulmanes creen que Dios es absolutamente soberano, majestuoso sobre todas las cosas. Ellos afirman que podemos ver su gloria en en toda la creación. Debemos acatar sus juicios y decretos, y nuestra historia terminará con un juicio divino que separará a quienes serán eternamente bendecidos de quienes serán eternamente condenados. Ellos saben que Dios es infinitamente poderoso, sabio y generoso. Él es eterno, el principio y el fin. No necesita de nada ni de nadie, y está fuera del tiempo y el espacio que marcan nuestro universo.

El Dios del Corán, el libro sagrado del Islam, creó a Adán y Eva. Escogió a Abraham para bendecirlo, dio leyes detalladas a su pueblo y levantó profetas como Moisés, David y Jesús. En muchos aspectos Alá se asemeja al Dios de la Biblia. Esto no es sorprendente, puesto que mucho de lo que enseñó Mohamed sobre Dios lo aprendió de conversaciones con gente, amigos y familiares judíos y cristianos, y de la lectura de documentos y tradiciones que circulaban en el siglo séptimo en Arabia. Sin embargo, hay diferencias notables entre el concepto cristiano de Dios y el del Islam.

La palabra Alá, es un término hebreo que se traduce simplemente Dios. Consiste de dos palabras, Al-Ilah, que equivalen a «La Deidad». Sin embargo, para los musulmanes «Alá» es un término exclusivo que puede aplicarse únicamente al único Dios que existe. Es algo así como el nombre hebreo «Yahveh». No es simplemente Dios, con referencia a la deidad. Pero las diferencias no terminan aquí. 

Alá en el Islam es un ser totalmente trascendente, al punto de que es totalmente inaccesible a los humanos. El Corán es un libro que declara la voluntad de Dios y sus planes para la creación, más no una revelación de Dios mismo. Podemos hablar de lo que Dios ha hecho y de sus atributos, pero cualquier idea humana acerca de Dios es inadecuada y distorsionada. Si decimos que Dios es bondadoso, no podemos asociar esa bondad con nada que nosotros sepamos aquí o hayamos experimentado. La naturaleza de Dios está totalmente fuera del alcance de nuestra mente finita.

Los cristianos también reconocemos que Dios en su plenitud está totalmente fuera de nuestra mente finita. Acercarnos a Dios es ponernos frente al misterio, grande y glorioso, que nos deja perplejos. Pero aún así, podemos tener un conocimiento real e íntimo de nuestro Creador. Esto es así, porque por su propio amor, Dios ha querido dársenos a conocer en maneras que nosotros podemos entender. Dios, por así decirlo, ha condescendido a nuestra condición de criaturas y de pecadores, precísamente para que fuera posible que nosotros pudiéramos conocerlo a efectivamente. Él busca una relación con nosotros. 

El deseo que Dios tiene de acercarse a nosotros y de que lo conozcamos personalmente es evidente especialmente en la venida de Jesús. La Biblia enseña que en Él está presente la plenitud de la deidad (Colosenses 2:9) y que por medio de él, Dios, quien es por naturaleza inaccesible a la percepción humana, se ha dado a conocer al mundo (Juan 1:18). Es cierto que no podemos conocer a Dios de una manera exhaustiva, pero sí podemos saber con certeza las cosas que él quiere revelarnos. Jesús, en palabras y carne humanas nos ha revelado que Dios nos ama con un amor profundamente paternal (Juan 17:26, 1 Juan 4:7-15).

En el Islam, Alá realmente no busca mantener una relación con nosotros basada en el amor. Él solo exige obediencia y por eso nos da a conocer sus leyes y demandas. Lo más que podemos aspirar es a ser siervos fieles, obedientes y sumisos. De hecho, la palabra Islam en árabe connota sumisión, especialmente en el contexto de la religión. En la Biblia Dios no busca siervos obedientes. Más que eso el quiere amigos (Juan 15:9-15) y, más que amigos, busca hijos (Juan 1:12-13, 1 Juan 3:1-3, Efesios 1:5).

Según algunas tradiciones islámicas Dios ha enviado 124.000 profetas con un mismo mensaje. Hay que rendirse y obedecer a Alá. El destino final de cada mortal depende totalmente de si obedece o desobedece a la voluntad de Alá. Pero según la Biblia, Dios no sólo quiere obediencia por sí sola. El busca transformar nuestra vida desde nuestro interior mediante la influencia de su Espíritu que mora en aquellos que han abrazado la posibilidad de ser hijos de Dios, creyendo en el Unigénito de Dios, Cristo Jesús (Gálatas 4:6-7, Romanos 8:9, Juan 1:14).  

El Dios del Corán es un Dios unitario. Es un soberano único y solitario sobre todo lo que existe. El amor no forma parte de la esencia de Dios, puesto que no existe amor sin que haya alguien a quien amar. Antes de la creación Dios existía en total soledad, sin amar, y en el presente Dios ama a los que cumplen sus leyes únicamente porque son siervos sumisos. Su amor es sólo una recompensa para los que le obedecen. Los humanos deben amar a Dios y seguir sus ordenes según las enseñanzas de Mahoma para que Dios los ame, porque Dios no ama a los que rechazan la fe mahometana. Sin embargo, el amor entre el musulman fiel y Dios es adoración, veneración y gratitud de lejos, nunca una relación íntima y confiada, como la del niño con su papá querido.

La cualidad más distintiva de Alá es su poder. Para los musulmanes él decide determinantemente todo lo que acontece en su creación. Nada puede alterar sus designios absolutos. No hay espacio para ninguna contingencia, y menos para que nadie corresponda libremente al amor de Dios. Dios no actúa por amor, sino por el deseo, podríamos decir caprichoso, de su voluntad.

La siguiente cita del Hadith ilustra este pensamiento. (El Hadith son colecciones que presuntamente vierten palabra por palabra lo que el profeta Mahoma dijo sobre diversos asuntos).

“Cuando Dios decidió crear la raza humana, tomó en sus manos barro, del cual fueron formados todos los humanos, y el cual de igual manera preexistieron. Habiendo divido el barro en dos porciones iguales tiró la mitad al infierno diciendo: «Estos al fuego eterno. No me interesa». Y mandó la otra mitad al cielo, añadiendo: «Estos al paraíso. No me interesa»” (Kisasul-Anbiya 21)

En marcado contraste con esta enseñanza, el Dios bíblico ofreció la vida de su Hijo en rescate por todos, porque El quiere que todos sean salvos (1 Timoteo 2:5-6). El mostró  la inmensidad y la intensidad de su amor para con nosotros en que siendo pecadores, rebeldes e infieles, Cristo murió por nosotros (Romanos 5:6-8).

El Dios de la Biblia es único. No hay otro fuera de él. Sin embargo, por la eternidad él ha existido en una maravillosa unidad relacional. Por siempre Dios ha existido en el gozo del amor: Padre, Hijo y Espíritu Santo. Su creación es una manifestación de ese amor eterno que busca compartir su gozo y que a pesar de nuestra oposición y rebeldía busca nuestra reconciliación y unificación eterna en él (Juan 17:22). 

El concepto que los musulmanes tienen de Dios es el resultado de la apreciación incompleta e inexacta que presenta el Corán. El Corán es el texto sagrado del Islam. La palabra significa «recitación» y es supuestamente la relación en árabe, palabra por palabra, de lo que Dios le reveló a Mahoma por medio del ángel Grabriel durante un periodo de 22 años. El Corán usa, resume, amplía y modifica varias narrativas bíblicas y refleja el conocimiento que el «profeta» tenía de la religión judía y cristiana de su época. Los cristianos creemos que para tener una idea más clara y acertada de Dios, tenemos que estudiar la Biblia.

 

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Los problemas cuando tenemos un problema

Reconocemos abiertamente que tenemos problemas. Todo el mundo tiene problemas y nosotros no somos la excepción. Algunos problemas se resuelven fácilmente. Otros son difíciles. También hay problemas que no podemos resolver nosotros mismos. Frente a ellos tenemos que reconocer nuestra impotencia y buscar la ayuda de un Poder Superior y el acompañamiento solidario de otros. Todos tienen problemas que no pueden resolver por sí mismos. La Biblia insiste en que, de una manera u otro, todos hemos errado el blanco y no vivimos el proyecto de vida pleno, para el cual hemos sido diseñados por Dios (Romanos 3:23)  Además sabemos que hay problemas de largo plazo, que quizás nunca se resuelvan en nuestra vida, y que sólo tienen sentido en el marco de una esperanza más allá de nosotros y de nuestro propio tiempo.

Enfrentar adecuadamente los problemas que se nos presentan es crucial. Cuando no encaramos bien nuestros problemas el daño puede ser mucho mayor. Las consecuencias de un mal manejo de los problemas son con frecuencia más graves que las consecuencias del problema original. Si no abordamos correctamente nuestros problemas, podemos hacernos mucho daño emocional, espiritual y aún físicamente, dejándonos grandes vacíos existenciales. Además podemos hacerle mucho daño a otras personas como a nuestros hijos, nuestra pareja, a familiares, amigos y conocidos. El alcance y los efectos de nuestros problemas y del manejo que hacemos de ellos puede ser realmente incendiario y trascender incluso a otras generaciones. 

La solución de los problemas implica un proceso. El proceso, si lo manejamos bien, suele ser beneficioso y nos enriquece mucho. Sin embargo, cuando estamos sufriendo por un problema doloroso, la necesidad urgente de alivio puede llevarnos a buscar impulsiva e irreflexivamente soluciones rápidas. Para nosotros es mucho más importante calmar el dolor que resolver adecuadamente el problema y beneficiarnos a largo plazo del proceso. Con frecuencia queremos resultados rápidos. Por eso a menudo nos enfrentamos a nuestros problemas de manera equivocada. Los siguientes son algunos de los errores que comentemos.

  1. Evadimos el problema. Sencillamente no hacemos ni decimos nada. Esperamos que el problema desaparezca por sí solo. Nos hacemos los desentendidos y pretendemos que todo marcha bien. Con frecuencia esto sucede cuando pensamos que el problema no es tan grave y que la incomodidad que sentimos no es insoportable. Por otra parte, evitamos confrontar el problema porque queremos evitar el malestar que esto implica. De hecho, este puede ser en sí un defecto de carácter serio, cuando descubrimos que estamos acostumbrados a posponer decisiones y acciones que nos causan alguna incomodidad. Pero los problemas no se arreglan solos y generalmente crecen y se acumulan. Optar por evadir los problemas pequeños, regularmente resulta en un problema mucho mayor y más difícil de resolver.
  2. Alimentamos el deseo de venganza. Si el problema que tenemos involucra a otro u otros que nos han ofendido, cómo sucede frecuentemente, somos tentados a enfrascarnos en la ira, el resentimiento y el deseo de venganza. Pasamos largas horas pensando en como vengarnos y en el proceso nos amargamos. Puede que incluso hagamos cosas, grandes o pequeñas, para llevar a cabo la venganza. La venganza puede ir desde un chisme hasta un crimen. De todos modos estas acciones pueden traer consecuencias mucho más graves a largo plazo. Puede ser que con el paso del tiempo cosechemos frutos muy amargos.
  3. Nos damos por vencidos. Nos derrotamos. Nos dejamos llevar por la desilusión. Se nos quitan las ganas de seguir luchando. Decidimos que todo se ha terminado y no queremos ni siquiera pensar en una posible solución provechosa. Concluimos en nuestros pensamientos que todo está perdido y nos resignamos a sobrevivir en la mediocridad. Perdemos los sueños y la esperanza. Es obvio que estas actitudes nos hace mucho mal. No solamente pueden afectar las áreas afectadas directamente por el problema, sino que usualmente trascienden a otros aspectos de nuestra vida, menguando nuestra calidad de vida y nuestro potencial.
  4. Huimos del problema. Decidimos alejarnos emocional, mental o físicamente de él. Puede que nos mudemos de ciudad o que simplemente nos aislemos emocionalmente del problema. Puede que optemos por medicarnos para aliviar las penas. Los medicamentos de nuestra preferencia pueden ir desde fármacos comprados en la droguería hasta drogas como el alcohol u otras substancias adictivas. También podemos medicarnos mediante procesos adictivos como son el exceso de trabajo, la internet, el juego, las conquistas amorosas y muchas otras formas de distraer la mente y evitar el dolor.
  5. Asumimos una actitud de víctima. Nos sentimos incapaces de enfrentar nuestro problema y en vez de acudir a un Ser Superior, buscamos complacer a nuestro agresor o agresores para tratar de que no nos agradan más. Buscamos agradar a otros con el fin de ganarnos su aprobación. Adoptamos una actitud de sumisión servil y temerosa. Nos rendimos y soportamos en silencio los sufrimientos y agresiones. Para sobrellevar el sufrimiento nos escapamos de la realidad y nos llenamos de fantasías e ideas de grandiosidad o aprendemos a ser insensibles al dolor. 
  6. Nos encerramos en nosotros mismos. Rumiamos en silencio una y otra vez nuestras historias para seguir sintiendo el dolor, como si eso de alguna manera pudiera validar nuestra posición. Le damos vueltas y más vueltas a la película. Poco a poco nos vamos hundiendo en depresión. Nos dan ganas de quedarnos en la cama todo el día y nos va ganando la idea de que la vida no tiene propósito ni sentido. Podemos pensar en el suicidio. 
  7. Nos conmiseración con otros. Buscar afanosamente a otros que nos escuchen, nos consuelen, nos comprendan y confirmen que somos «las personas más desdichadas del mundo». Queremos oír que nos digan «¡pobre!», que nos den la razón, y que corroboren que la vida ha sido demasiado injusta con nosotros. Involucramos en este proceso a personas que no debemos involucrar como son: nuestros hijos, amigos cercanos, familiares, o extraños que no sabrán apoyarnos ni guardar nuestras confidencias. En realidad vamos buscando en cada relación otro paño de lágrimas que facilite el escapismo de nuestra conmiseración. 
  8. Nos sentimos inseguros e indecisos. Perdemos la dirección de nuestra vida y nos volvemos como niños vacilantes o como olas del mar llevadas por diversos vientos. Buscamos consejos de personas poco informadas, abrazamos las propuestas de una y otra religión, acudimos a brujos, espiritistas, videntes y gurús con la esperanza de saber qué hacer. Saltamos de un comportamiento a otro erráticamente siguiendo las recomendaciones que nos parecen más adecuadas a nuestros deseos y sentimientos. Hacemos esto sin pensar ni evaluar realmente la validez de las recomendaciones que recibimos.
  9. Nos escondemos. Tratamos de encubrir el problema. Nos empeñamos en guardar el secreto y mantener las apariencias. Creamos caretas, como Adán y Eva en el relato bíblico crearon vestuarios de hojas, para disimular el problema. Los secretos a la postre nos hacen daño. Resquebrajan las relaciones. Se transmiten de persona a persona o de generación a generación en una forma silenciosa, subconsciente, sin que podamos detectar o evaluar su influencia. Además, el encubrimiento crea grandes presiones que afectan significativamente nuestra estabilidad emocional e incluso nuestra salud física.
  10. Cómo lo hicieron Adán y Eva en el relato bíblico, le echamos la culpa a otro u otros. Estos pueden ser nuestros padres, nuestros cónyuges, nuestros hijos, la sociedad, el gobierno, o incluso el diablo. Pensamos que trasladando la culpabilidad a terceros mantenemos de alguna manera nuestro honor y respeto. En el proceso dejamos de abordar el problema real y éste crece. Además nos aislamos de otros y creamos barreras innecesarias con las personas a quienes les echamos la culpa.
  11. Negamos que tenemos un problema. Nos aferramos a la idea de hay mucha gente que vive como nosotros y que estamos en completo control de nuestra vida. La negación puede ir desde la indiferencia frente a la situación que atravesamos hasta el completo descaro, pasando por la soberbia.
  12. Racionalizamos. Buscamos explicaciones convenientes para aminorar la gravedad del problema. Nos comparamos con otros para sentir que nuestra situación no es tan grave. Encontramos excusas convenientes que alivian nuestros sentimientos de culpabilidad.
  13. Buscamos compensar nuestros errores haciendo buenas acciones. Nos envolvemos en proyectos y cosas que creemos pueden equilibrar nuestros sentimientos desagradables.
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La doctrina acerca de Dios - Parte 2

En el artículo pasado vimos que hay que buscar a Dios con deseo e interés genuinos. Vimos que Dios se nos acerca por medio de la Biblia y que en ella se nos da a conocer. Tenemos que acudir a la Biblia con precaución para no dejar que las doctrinas formuladas por las diversas instituciones religiosas nos estorben.

El Dios que encontramos en la Biblia es un Dios Altísimo y misterioso. Obviamente nuestro limitado entendimiento no puede abarcar tan enorme grandeza. Pero, por lo que él mismo nos ha revelado en la Biblia, podemos aproximarnos a conocerlo y apreciar su ser. Esta aproximación es la base de nuestra fe. Hebreos 11:6 dice: «Cualquiera que se acerque a Dios debe creer que Dios existe y que premia a los que lo buscan.» En este artículo vamos a considerar algunas ideas acerca de Dios que probablemente usted ya ha escuchado por ahí.

En primer lugar, hablemos de lo que los Mormones piensan acerca de Dios. Los Mormones son un grupo religioso también conocido como «La iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días». La iglesia de los Mormones empezó en Nueva York en las primeras décadas de los 1800 y su fundador fue José Smith.

Los mormones piensan que Dios tiene un cuerpo material como nosotros. En su libro «Doctrinas y Convenios», leemos,

«El Padre tiene un cuerpo de carne y huesos, tangible como el del hombre; así también el Hijo; pero el Espíritu Santo no tiene un cuerpo de carne y huesos, sino es un personaje de Espíritu. De no ser así, el Espíritu Santo no podría morar en nosotros.»

De igual manera en su libro, «Artículos de fe» (1924), James Edward Talmage escribió:

«Afirmamos que negar la materialidad de la persona de Dios es negarlo a él; porque algo sin partes no tiene un todo y un cuerpo inmaterial no puede existir.» 

En el portal mormon.org leemos:

«Él tiene un cuerpo semejante al nuestro, pero el cuerpo de Dios es inmortal, ha sido perfeccionado y tiene una gloria que las palabras no alcanzan a describir.» (1)

Veamos ahora lo que dice la Biblia: Lea Juan 4:24, Lucas 24:39, Colosenses 1:5.

Los mormones también creen que en un tiempo Dios era un hombre y que llegó a convertirse en Dios. Así, creen ellos nosotros también podemos convertirnos en dioses. Milton R. Hunter (1902-1975), en su libro, El Evangelio a Través de las Edades (The Gospel Through The Ages), afirma lo siguiente:

«Los profetas Mormones han enseñado continuamente la sublime verdad de que Dios el Padre Eterno fue alguna vez un hombre mortal que pasó por una escuela de vida terrenal similar a la que estamos nosotros pasando. Llegó a ser Dios – un ser exaltado por medio de la obediencia a la misma verdad eterna del evangelio, que nosotros hoy tenemos la oportunidad de obedecer.» 

Por otra parte, Brigham Young, líder mormón (1801-1877), en Diario de Discursos (The Journal of Discourses, 1901), Vol 1. pg. 50) hizo la siguientes afirmaciones que la mayoría de los mormones desconocen:

«Cuando nuestro padre Adán entró en el jardín de Edén, vino con un cuerpo celestial, y trajo a Eva, una de sus esposas, con él. Él ayudó a crear y organizar este mundo. Él es Miguel, el Arcángel, el Anciano de Días, de quien los hombres santos han escrito y hablado – El es nuestro Padre y nuestro Dios, y el único Dios con quien tenemos que ver.»

Veamos ahora qué dice la Biblia. Génesis 1:1.26-27, 2:4-25, Mateo 22:30.

En vista de lo dicho anteriormente, puesto que según la doctrina mormona, muchos pueden llegar a ser dioses, es claro que ellos también creen que hay varios dioses. Orson Pratt (1811-1881) escribió en un periódico llamado «Seer» que

«En el cielo, donde nacen nuestros espíritus hay muchos dioses, cada uno con su propia esposas o esposas, que les fueron dadas a ellos antes de su redención, estando aún en su estado mortal.» (Volumen I, p. 37).

Comparemos esta enseñanza con Isaías 43:10. 44:6.

Otra doctrina de los mormones es que Jesús fue concebido por el Padre, no por el espíritu Santo. Brigham Young escribió:

«Cuando la virgen María concibió el niño Jesús, el Padre lo había engendrado en su propia imagen. El no fue engendrado por el Espíritu Santo. ¿Y quién era el Padre? Era el primero de la familia humana. Jesús, nuestro hermano mayor, fue engendrado en la carne por el mismo personaje que estaba en el huerto del Edén, y quien es nuestro Padre celestial.» (Diario de Discursos, Volumen I, p 50-51).

En otra parte escribió:

«El nacimiento del Salvador fue tan natural como son los nacimientos de nuestros hijos; fue el resultado de la acción natural. Participó de carne y sangre; engendrado de su Padre, así como nosotros lo fuimos de nuestros padres.» (Diario de Discursos, volumen 8, página 115.

José Fielding Smith (1876-1972) décimo presidente de la Iglesia de Jesucristo de los Santos de Los Últimos días, considerado como profeta y vidente, también declaró:

«El nacimiento del Salvador fue un acontecimiento natural desatendido con algún grado de misticismo, y el Padre Dios fue el padre literal de Jesús tanto en la carne como en el espíritu.” (Verdades Religiosas Definidas [Religious Truths Defined].»

Bruce McConkie (1915-1985), miembro del Quórum de los doce apóstoles de la iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días, también añadió:

«Cristo nació en el mundo como el Hijo literal de este Ser Santo; él nació en el mismo sentido personal, real y literal que cualquier hijo nace de un padre mortal. No hay nada figurativo acerca de su paternidad; él fue engendrado, concebido y nacido en el curso de los eventos normales y naturales… Cristo es el Hijo del Hombre, lo que significa que su Padre (¡El Dios Eterno!) es un Hombre Santo.» Doctrina Mormona, p. 742.

La doctrina mormona acerca de Dios ha sido el resultado de supuestas revelaciones adicionales de Dios. Los mormones creen que la Biblia no es suficiente para el hombre moderno y que además contiene supuestos «errores» de traducción. Por consiguiente basan sus creencias también en otros libros que consideran inspirados. Ellos son: (1) El libro de Mormón, un conjunto de escritos supuestamente compuestos por hombres santos en la antigua América y traducido por José Smith, (2) Doctrinas y Convenios, y (3) La Perla de Gran Precio. Dicho sea de paso, que los mormones afirman que también creen que la Biblia es un libro inspirado, siempre y cuando esté correctamente traducida. La pregunta entonces es, ¿cómo sucede que los libros inspirados se contradicen mutuamente?

(1)  https://www.mormon.org/spa/preguntas-frecuentes/naturaleza-de-dios

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Con frecuencia nos quedamos perplejos ante la maldad de la que somos capaces. ¡Cuanto daño podemos hacernos a nosotros mismos y cuánto podemos dañar también a otros! ¿De dónde procede tanto mal? 

Parafraseando la Biblia tenemos: «Les doy este consejo: dejen que el Espíritu guíe su vida y así no querrán complacer los deseos de su naturaleza física. A menudo la naturaleza física desea lo que está en contra del Espíritu y el Espíritu desea lo que está en contra de la naturaleza física.» ¿Se refiere este texto de la Biblia a nuestros instintos? ¿Estamos marcados por instintos malos arraigados en nuestra carne? Esto es complicado, porque nosotros somos nuestra naturaleza física. Además, de acuerdo a la fe cristiana, todo lo que Dios creó es bueno. Y si esto es así, entonces ¿porqué decimos que ciertos deseos son malos? ¿Porqué se oponen el Espíritu y la naturaleza física? Veamos si la siguiente historia del Midrash judío nos puede ayudar a aclarar este dilema.

«Había una vez dos hombres que navegaban juntos en una canoa. Uno de ellos casualmente sacó un taladro y empezó a abrir un hoyo abajo de su asiento. El otro hombre alarmado le dijo: «¿Qué estás haciendo? ¿No te das cuenta de que vas a hundir la canoa?” El primer hombre simplemente respondió: “Bueno, no estoy abriendo el hoyo en tu lado de la canoa. ¿Cuál es tu problema?”»

¿Con qué instinto actuó este hombre? La verdad es que desde hace muchos años los estudiosos del comportamiento humano han insistido en que los instintos tienen muy poco que ver con lo que hacemos. Los humanos no actuamos guiados por patrones de conducta innatos, mas bien lo que hacemos es el resultado de una compleja combinación de factores en los que entran en juego nuestros deseos, gustos, percepciones, convicciones, valores, sentimientos y lo que hemos aprendido durante toda la vida y en nuestra cultura. Además, no podemos descartar cualesquiera que sean las tendencias que hayamos heredado de nuestros antepasados. 

Nuestro cerebro cuenta con estructuras especializadas que se ocupan de diversas funciones. Los neurocientíficos nos hablan de una parte del cerebro llamado «sistema límbico». Más informalmente se le conoce también como cerebro visceral. Ahí están las conexiones cerebrales que procesan los sentimientos y los deseos básicos. También en nuestro cerebro tenemos los lóbulos frontales. En ellos están las estructuras que nos permiten pensar, evaluar, y razonar. Otras áreas específicas de nuestros cerebro, por su parte, tienen que ver con los procesos necesarios cuando usamos el idioma. Y así sucesivamente distintas areas de nuestro cerebro se ocupan de diversas funciones. Por otra parte, con la participación intrincada de diversas estructuras nuestro cerebro va formando un enorme número de conexiones neuronales que se activan frente a los distintos estímulos que encontramos en la vida, formando patrones mentales que dirigen nuestro comportamiento.

¿Dónde pues radica la maldad? Las estructuras de nuestro cerebro, por supuesto, no son malas. Al contrario fueron creadas para potenciar nuestra vida. El problema está cuando en nuestros procesos mentales nos centramos tanto en algunos deseos y emociones, particularmente aquellas que proceden de nuestro cerebro visceral, que hasta pasamos por alto el hecho de que nos hacemos daño a nosotros mismos y los que nos rodean, como le pasó al amigo de la canoa. 

Por eso, la solución de la Biblia es: «Dejen que el Espíritu guíe su vida.» Por eso el tercer paso dice: «Decidimos entregar nuestra voluntad y nuestra vida al cuidado de Dios como alcanzamos a percibirlo.» Recuerde que éste es el paso donde decidimos buscar soluciones por medios espirituales. Aquí empezamos a enfocarnos en la voluntad del Espíritu. Luego, el paso 11 dice: «Mediante oración y meditación personal y familiar mejoramos nuestra relación con Dios y liberamos nuestra mente para conocer su voluntad y tener poder para cumplirla.» Este es el paso mediante el cual practicamos y arraigamos nuestro sentido de ser guiados y sustentados por Dios y potenciamos así la serenidad, la fe y la espiritualidad.

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La Importancia de Nuestras Reacciones

Un día, Thomas Alva Edison llegó a casa y le dio a su mamá una nota. Él le dijo a ella: "Mi maestro me dio esta nota y me dijo que sólo se la diera a mi madre."

Los ojos de su madre estaban llenos de lágrimas cuando ella leyó en voz alta la carta que le trajo su hijo. "Su hijo es un genio, esta escuela es muy pequeña para él y no tenemos buenos maestros para enseñarlo, por favor enséñele usted".

Muchos años después la madre de Edison falleció, y él fue uno de los más grandes inventores del siglo. Un día él estaba mirando algunas cosas viejas de la familia. Repentinamente él vio un papel doblado en el marco de un dibujo en el escritorio. Él lo tomó y lo abrió. En el papel estaba escrito "Su hijo está mentalmente enfermo y no podemos permitirle que venga más a la escuela."

Edison lloro por horas, entonces él escribió en su diario: "Thomas Alva Edison fue un niño mentalmente enfermo, pero por una madre heroica se convirtió el el genio del siglo."

Qué impresionante la reacción de la mamá, ¿verdad?. En lugar de leer lo que realmente decía la carta, y habiendo podido hacer sentir menos a su hijo, le dio un giro completamente y ¡le inyectó seguridad y certeza a su hijo! Le hizo creer que era un genio y se lo creyó tanto, que creció y murió siéndolo. Es asombroso el poder que tienen los padres sobre los hijos. ES MUY IMPORTANTE RECORDAR SIEMPRE EL PODER QUE TIENEN LAS PALABRAS...

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¿QUÉ ES LA IRA?

En nuestro diario trabajo con nuestra familias con frecuencia encontramos que los episodios de ira son muy comunes. En algunos casos nuestra ira se vuelve muy destructiva y nos daña personalmente y afecta a las personas que más queremos. En este artículo queremos entender qué es en realidad la ira.

La siguiente lista nos ayuda a comprender las distintas facetas de la ira.

  • La ira es una emoción fuerte. Al decir que es una emoción estamos diciendo que es más que un sentimiento. No solamente la sentimos, sino que también altera el estado de nuestro cuerpo y está estrechamente relacionada con nuestros pensamientos.
  • La ira es generalmente una emoción negativa por que nos produce malestar y comúnmente causa daños. 
  • El desarrollo de la ira está marcado por: La Provocación, La Agitación, Los Pensamientos, Las Motivaciones, Las Acciones y Los Resultados.
  • Los factores que provocan la ira son variados y pueden estar relacionados con ciertas relaciones, por ejemplo: La relación de pareja, los hijos, el trabajo. Los disparadores de la ira pueden ser:
  1. Falta de respeto.
  2. Tratamiento injusto.
  3. Frustraciones.
  4. Características molestas de los demás.
  5. Irritaciones tales como que los errores de otros nos estorben o nos añadan cargas.
  6. Nuestra percepción de que necesitamos controlar a otros o distanciarnos de ellos.
  • Los cambios físicos relacionados con la ira incluyen cosas como: 
  1. Aceleración del ritmo cardiaco. 
  2. Incremento en la presión sanguínea.
  3. Cambios en los procesos neuroendocrinos que incluyen el aumento de los niveles de adrenalina y noradrenalina y la activación del sistema nervioso autónomo.
  4. Músculos tensos.
  5. Sudor.
  6. Expresiones faciales tales como fruncir el ceño, apretar los dientes, etc.
  • La ira nos motiva a tomar acción contra otras personas para advertirlas, intimidarlas, controlarlas, atacarlas o lograr que nos retribuyan por ofensas reales o imaginarias. El alcance de nuestras acciones varía.
  1. Pueden ser únicamente pensamientos agresivos.
  2. Puede incluir palabras ofensivas, degradantes y gritos y amenazas.
  3. Puede incluir daño de objetos, como romperle el teléfono a un hijo.
  4. Puede incluir agresiones leves contra el otro, como estrujar o empujar al muchacho.
  5. Puede incluir agresiones fuertes, como golpear fuertemente al otro.
  • La ira, por lo general, incluye comportamientos y reacciones aprendidas. Nuestros modelos sueles ser nuestros padres, amigos, personajes de televisión, y otros.
  • Los pensamientos relacionados con la ira incluyen:
  1. Evaluaciones sobre la importancia de la ofensa («Es horrible…»).
  2. Evaluaciones sobre nuestra capacidad de lidiar con la ofensa («No lo puedo soportar»).
  3. Evaluación personal sobre la ira («Yo me enojo con mucha facilidad… No puedo cambiar»).
  4. Evaluación sobre la vida («La vida ha sido injusta…»).
  5. Enjuiciamientos morales («Está muy mal que…»).
  6. Enjuiciamientos sobre la capacidad de la otra persona («Ha debido saber que era riesgoso… Es un bruto»).
  7. Sospechas («Está buscando la ocasión para hacerme daño…»).
  8. Pensamientos antagónicos («O me apoya o está en contra mía»).
  9. Generalizaciones («Puesto que no me llama, quiere decir que no se interesa por mí»).
  10. Culpabilizar («Es la culpa de ella»).
  11. Fantasías de venganza («Le voy a enseñar una lección…»).
  • Los comportamientos relacionados con la expresión de la ira pueden girar hacia el interior o el exterior e incluyen:
  1. Gritar o levantar la voz.
  2. Argumentar.
  3. Usar groserías o insultar.
  4. Apuntar con el dedo.
  5. Mirar con rabia.
  6. Cruzar los brazos.
  7. Burlarse con irritación.
  8. Agredir físicamente al otro. Los grados de agresión son diversos  pueden ir desde un leve empujón hasta el homicidio.
  9. Encerrarse en sí mismo, apartarse.
  10. «Tragarse la rabia»
  11. Fantasías de discusiones y de venganza.
  • Los resultados de nuestros episodios de ira son generalmente negativos, pero a la vez pueden dejarnos alguna satisfacción temporal. Estas satisfacciones temporales hacen que sea más difícil lidiar con la ira.
  • Algunas satisfacciones temporales son:
  1. La obediencia inmediata de los niños.
  2. La obediencia de los subalternos.
  3. La satisfacción de sentir poder y control.
  4. La satisfacción de haber ofendido a quien nos ofendió («Le dije sus verdades…»).
  • Algunos resultados negativos son:
    1. Problemas legales.
    2. Efectos emocionales negativos en los niños.
    3. Rompimiento de los lazos familiares.
    4. Rechazo de otros.
    5. Falta de rendimiento ocupacional y mala adaptación
    6. Malas decisiones.
    7. Mayor riesgo de hipertensión, apoplejía, enfermedades cardíacas.
  • Experimentamos la ira en distintos grados que van desde una simple irritación hasta un ataque incontenible de furia.
  • Experimentamos la ira durante distintos periodos y con distinta frecuencia. La ira puede durar desde la irritación momentánea hasta el resentimiento prolongado durante muchos años.
  • Los episodios de ira pueden estar relacionados con actitudes hostiles hacia ciertos grupos de personas («No se puede confiar en los adolescentes…», «Los latinos son perezosos», «Las mujeres son ofrecidas…»).
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Doctrinas en la iglesia: Dios

Habiendo resumido brevemente el curso de la historia del cristianismo desde sus comienzos en el primer siglo hasta nuestros días, vamos ahora a considerar en los próximos artículos varias creencias religiosas y a compararlas con lo que la Biblia enseña. Empezaremos con la doctrina acerca de Dios. 

La idea de Dios empieza con unas preguntas fundamentales que eventualmente todos los seres humanos nos hacemos en algún momento de nuestra vida. ¿Es lo que percibimos con nuestros sentidos materiales lo único que existe? ¿Por qué existen todas estas cosas que percibimos con nuestros sentidos? ¿Será posible que alguna vez no exista nada? ¿Por qué existo yo? ¿Dejaré de existir alguna vez? ¿Será posible que exista algo más allá de todo lo que percibo con mis sentidos y de lo que alcanzo a imaginarme dentro del mundo material?

Éstas no son preguntas académicas. No son simplemente propuestas de debate en círculos religiosos, ni formulaciones de catecismos en las iglesias. Son interrogantes verdaderamente humanos que nos planteamos desde nuestro ser interior. Representan nuestra búsqueda de significado y explicaciones. Son nuestra manera de estirarnos hacia el infinito buscando una conexión definitiva.

Esta búsqueda debe ser la base de toda nuestra reflexión acerca de Dios. Debemos evitar a toda costa la tentación de hablar de Dios desde cualquier plataforma artificial ideada con el fin de controlar o subyugar a otros, de generar beneficios para algunos a expensas de otros, o de mantener viva una institución humana. No debemos hacer afirmaciones acerca de Dios para quedar bien con la iglesia la cual pertenecemos. Esto, lejos de ampliarnos el horizonte abriéndonos la posibilidad de una relación con el Infinito, nos pondrá en una situación más estrecha y distante. De hecho, las muchas  guerras, enemistades y tantas divisiones hechas en nombre de la religión son una prueba de lo que pasa cuando el tema de Dios se nos vuelve un pretexto para el egoísmo. 

A Dios hay que buscarlo con nuestras propias preguntas y desde nuestro propio interior. Es entonces cuando la Biblia se nos abre como una respuesta de Dios mismo que se acerca para conectarse con la humanidad. Dios se descubre ante nuestra mente inquieta a través de sus intervenciones en nuestra historia y de su palabra histórica. No estamos diciendo con esto que nosotros  no podamos percibir personalmente la presencia de Dios en nuestra vida. Sino más bien que Dios no solamente se acerca nosotros subjetivamente, sino que también ha intervenido y se ha comunicado con otras comunidades de personas en otros tiempos. Esas intervenciones y comunicaciones históricas constituyen un hilo de historia dentro del cual podemos entender mejor nuestras experiencias personales y, así, conocer mejor a Dios.

Cuando leemos la Biblia nos encontramos con un Dios que es eterno, único y creador. Éxodo 3:1-14 nos relata que cuando Dios se le presentó a Moisés en una zarza ardiendo para enviarlo a liberar a los israelitas, esclavos en Egipto, Moisés quizo saber el nombre del Dios cuya voz escuchaba desde la zarza. De alguna manera Moises pensaba que si sabía el nombre de Dios,  podría entenderlo mejor y tener más control sobre su acceso a El. La respuesta de la voz en La Zarza fue: "Yo soy el que soy" (verso 14). Al conjugar ese verbo en la tercera persona singular, tenemos la palabra Yahweh. Gramaticalmente es un imperfecto causal,   cuatro consonantes en hebreo que representan el nombre de Dios y  que pueden traducirse en español  por "Él es", "él sera", o "él hará que sea". Con este enigmático nombre, Dios se le revela Moisés como el único ser cuya existencia no depende de nada. Fuera de Dios todo es criatura. Dios simplemente es, ha sido y hace que exista todo lo demás. Dios está por fuera y por encima de todo lo creado. Es totalmente distinto a la criatura.

 La Biblia no da lugar al panteísmo ni al panenteísmo. Al principio, Dios que siempre ha sido, creó todo lo demás que existe. Dios Creó de la nada. Así que nada es eterno excepto Dios. No es como en la filosofía platónica, según la cual siempre han existido las ideas perfectas y la materia caótica. Dios y la creación son totalmente distintos. Él es eterno mientras todo lo creado es temporal. Dios y la criatura no se deben confundir. El ser humano fue creado a imagen y semejanza de Dios, pero no posee, como sostienen algunos pensadores de la posmodernidad, ninguna chispa innata de divinidad.

El Dios de la Biblia es el creador directo de todas las cosas, tanto espirituales como materiales (Génesis 1:1 , Colosenses 1:16). En la antigüedad, especialmente a partir del siglo segundo, surgió una extraña desviación de la doctrina cristiana, una mezcla de filosofías y religiones, según la cual, del Dios puro y original habrían surgido una serie de emanaciones, cada vez más distantes y menos puras. Una de las últimas emanaciones, un demiurgo, formó de la materia caótica las cosas físicas y encerró nuestros espíritus en nuestros cuerpos.

El Dios de la Biblia no es así. Él mismo es el artesano que creó todo con amor. Las cosas físicas no son malas ni contrarias a la espiritualidad. Él ama y se deleita en su creación (Génesis 1:31). "Dios amó tanto al mundo que dio a su Hijo único para que todo el que crea en él no se pierda, sino que tenga vida eterna." (Juan 3:16). Dios ama nuestro mundo y está interesado en las cosas que pasan en el a pesar de su pequeñez dentro del inmenso universo de estrellas y constelaciones. Hombres, mujeres, rios, océanos, plantas, animales y minerales, todo es creación maravillosa para Él. 

Dios ama nuestro mundo, el cual nosotros hemos ayudado a construir, y sorprendentemente lo sigue amando, a pesar de nuestros errores; aunque haya guerras, tiranos, gobiernos corruptos, injusticias y pasiones turbias y ciegas. Lo ama, aunque nosotros no lo amemos a Él ni seamos capaces de amarnos unos a otros y a pesar del dolor y la maldad que hemos introducido y seguimos introduciendo en él.

Decir que Dios ama, que se interesa por el mundo, es creer que él es un ser personal. No es una fuerza, ni un campo energético cósmico, como en el universo imaginario de La Guerra de las Galaxias. El Dios de la Biblia posee una inteligencia, tiene sentimientos, se comunica, pero, más que todo, tiene intenciones. Su propósito es unificarlo todo, trayendo paz y armonía total (Efesios 1:10). Por inverosímil que sea, partiendo de nuestro presente, un mundo futuro totalmente pacífico y armónico, El destino de la creación es exactamente ese. El Dios de la Biblia nos ofrece su promesa como garantía de esa esperanza. Además, para avalar su promesa, Dios nos relata en la Biblia la historia de su fidelidad y el cumplimiento paulatino, pero inexorable de todos sus propósitos.

Puesto que Dios es único, solo Él merece nuestra total confianza y fidelidad. Si veneramos y ponemos nuestra fe  en cualquier cosa que no sea el único Dios verdadero, cometemos idolatría (Isaías 46:1-9). Dios es el origen final de todo bien. Es la única alternativa real de salvación (Isaías 43:11). Toda idolatría es un engaño. A pesar de que los maestros de la Iglesia Católica Romana insisten en que en su iglesia no se adoran ni los santos ni sus imágenes, sino que simplemente les rinden  homenaje, la verdad es que, en la práctica, millones de creyentes han puesto su fe en seres y cosas que no son Dios. Por supuesto que la idolatría no se limita solamente a la veneración religiosa de imágenes, ángeles o seres exaltados. Cualquier cosa que suplante el lugar de Dios en nuestro proyecto de vida, tenga o no  connotaciones religiosas, es un ídolo; sea dinero, fama, una ideología política o el poder militar. La doctrina bíblica acerca de Dios, nos aleja de la idolatría, conduciéndonos al conocimiento del Dios único, fuente verdadera de la vida (Juan 17:3).

Otro asunto que se discute en los círculos religiosos actuales tiene que ver con lo que se ha llamado "La Trinidad". Hoy por hoy podemos decir que hay iglesias trinitarias e iglesias unitarias, surgidas a partir de diversos credos, que se han convertido en bandera de controversia. Pero éste será nuestro tema en el próximo blog.

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ETAPAS, PASOS, DIFICULTADES Y RETOS

ETAPA 1
De los hábitos disfuncionales a considerar el cambio
PASOS

Paso 1 - Admitimos que nos volvimos impotentes ante nuestros problemas y que ya no podíamos administrar bien nuestra vida personal y familiar, ni participar de los beneficios de nuestras relaciones.

Paso 2 - Creímos que un poder externo y superior a nosotros mismos podía restaurar nuestra la salud mental y nuestra capacidad de mantener relaciones cercanas saludables.

Paso 3 - Decidimos entregar nuestra voluntad y nuestra vida al cuidado de Dios como alcanzamos a percibirlo.
DIFICULTADES RETOS
Racionalización y excusas

Rebeldía  y culpa vs. autonomía

Resistencia e inercia

Resignación

Distracción, compulsión, adicción, medicación
Evaluación realista

Responsabilidad y decisión personal

Confianza

Esperanza y visión

Nuevas actividades y apoyo social
ETAPA 2
De la consideración de cambio a la preparación
PASOS

Paso 4 - Hicimos un inventario interno, profundo y valiente de nuestra vida y de nuestras relaciones con quienes nos rodean empezando con las personas más cercanas.

Paso 5 - Admitimos ante Dios, nosotros mismos y otras personas la naturaleza exacta de nuestras faltas.

Paso 6 - Decidimos dejar que Dios nos apartara por completo de todos nuestros defectos de carácter, nuestros malos hábitos de comunicación y nuestras faltas de amor.
DIFICULTADES RETOS
Baja tolerancia a la frustración

Presiones familiares

Presiones sociales

Presiones legales

Procrastinación y duda
Aprender a posponer la gratificación

Enfocarse en las metas personales

Enfocarse en la decisión personal

Reconocer qué estamos evadiendo
ETAPA 3
De la preparación a la acción
PASOS

Paso 7 - Humildemente le suplicamos a Dios que nos apartara de nuestras imperfecciones.

Paso 8 - Hicimos una lista de todas las personas a quienes habíamos ofendido y decidimos enmendar nuestros errores.

Paso 9 - A todos los que pudimos les pedimos perdón por nuestras ofensas y reparamos los daños, teniendo cuidado de no causarle perjuicios materiales, morales o físicos a nadie.
DIFICULTADES RETOS
Dependencia de otros

Conformidad con el ambiente

Pasividad

Sistema disfuncional de recompensas

Ansiedad y duda
Libertad personal

Analizar el ambiente

Tomar iniciativas con planes de acción

Descubrir nuevas recompensas

Realizar pequeños cambios concretos
ETAPA 4
De la acción al mantenimiento
PASOS

Paso 10 - Continuamos haciendo semanalmente un inventario personal de nuestra vida y nuestras relaciones y cuando fallamos lo admitimos pronto.

Paso 11 - Mediante oración y meditación personal y familiar mejoramos nuestra relación con Dios y liberamos nuestra mente para conocer su voluntad y tener poder para cumplirla.

Paso 12 - Habiendo despertado espiritualmente llevamos este mensaje a otros y practicamos estos principios en toda ocasión, empezando por nuestras relaciones más cercanas.
DIFICULTADES RETOS
Sentido de seguridad prematuro

Inconsistencia

Soluciones a medias

Caídas y desánimo

Nuevos problemas
Implementar el plan de acción

Mantener el compromiso

Hacer evaluaciones periódicas

Fortalecer la habilidad de vencer

Repasar los pasos
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FAMILIAS FUNCIONALES Y FAMILIAS DISFUNCIONALES

FAMILIAS DISFUNCIONALES FAMILIAS FUNCIONALES
No somos felices, pero vivimos juntos porque nos sentimos inseguros o culpables si pensamos en la separación. Vivimos con temor ante lo que el otro u otros puedan pensar o cómo puedan reaccionar. No nos sentiríamos mal si estuviéramos separados. Podemos vivir solos confortablemente. Pero estar unidos nos trae mayor satisfacción y mejores resultados. Estamos juntos porque queremos hacerlo.
Nos sentimos más seguros y confortables cuando estamos en compañía de otras personas que cuando estamos solos ante la posibilidad de ser íntimamente transparentes  con el otro. Nos sentimos seguros y confortables siendo transparentes ante el otro porque estamos aprendiendo a ser honestos y abiertos el uno para con el otro.
Nos da miedo pensar que si realmente le decimos al otro lo que hemos hecho, o lo que sentimos, pensamos, o somos, el otro nos rechazaría, nos abandonaría, se burlaría de nosotros. Cuando compartimos con el otro lo que hemos hecho y lo que somos, generalmente nos sentimos aceptados y nuestro nivel de intimidad aumenta.
Es más fácil esconder, distraer o medicar nuestros sentimientos con diversos comportamientos compulsivos o adictivos que expresarlos abiertamente. Estamos aprendiendo a expresar adecuadamente nuestros sentimientos y no sentimos la necesidad de ocultarlos o medicarnos.
Sentimos que estamos enredados el uno con el otro y que dependemos el uno del otro para vivir y ser felices. Pensamos y sentimos que esto es el amor. Sentimos que nuestra interdependencia es saludable, basada en la voluntad mutua de compartir nuestras habilidades y fortalezas para el bien común. Disfrutamos nuestro amor de esa manera.
No nos sentimos cómodos diciéndole al otro lo que necesitamos y queremos como personas o como parejas. Estamos aprendiendo a hablar de nuestras necesidades personales y de pareja.
Nuestra intimidad se limita a la sexualidad. El amor sexual le añade realización a nuestra relación, pero experimentamos muchas otras formas de intimidad.
Evitamos trabajar en nuestros problemas o nos sentimos personalmente culpables por los problemas de pareja. Estamos aprendiendo a aceptar y enfrentar nuestra responsabilidad personal, pero no nos sentimos individualmente responsables por todos los problemas que tenemos en pareja. Aceptamos que es normal que las parejas tengan problemas que no se solucionan inmediatamente.
Pensamos que tenemos que estar acuerdo en todo. Estamos aprendiendo que no es necesario estar de acuerdo en todo para ser felices.
Pensamos que tenemos que tener los mismos gustos y los mismos intereses. Tendemos a querer hacer al otro conforma a nosotros. Estamos aprendiendo que podemos tener gustos e intereses distintos y aún así disfrutar la compañía del otro.
Pensamos que para ser una buena familia tenemos que contar con la aprobación social. Estamos aprendiendo que para ser una buena familia tenemos que ser derechos con nosotros mismos, con nuestra familia y con nuestros valores.
Se nos ha olvidado jugar juntos. Estamos descubriendo el esparcimiento y la alegría del juego.
Nos resulta más fácil enojarnos por cosas, con frecuencia insignificantes, que expresar nuestros sentimientos sobre las cosas que realmente son importantes para nosotros y nuestra familia. Estamos aprendiendo a expresar nuestros sentimientos honestamente tanto respecto de las cosas más importantes como de las más triviales.
Nos resulta más fácil culpar al otro que aceptar nuestra responsabilidad propia. Estamos aprendiendo a enfocarnos en nuestra responsabilidad individual y no en el otro.
Nuestra manera de enfrentar los problemas es perder totalmente el control o quedarnos completamente en silencio. Esto ocurre con frecuencia. Estamos aprendiendo a enfrentar nuestros conflictos adecuadamente y a «pelear» con equidad y dominio propio.
Sentimos que no somos padres o cónyuges adecuados. Reconocemos nuestras limitaciones como padres y cónyuges. Estamos aprendiendo a lidiar con el perfeccionismo.
Sentimos vergüenza de nosotros mismos o del otro. Nos enfocamos en corregir nuestros errores y defectos y ser mejores cada día.
Repetimos patrones de conducta disfuncional de nuestras familias de origen. Estamos aprendiendo a identificar los patrones de conducta disfuncionales de nuestras familias de origen y a romper con ellos efectivamente en nuestras familias.
Sentimos que vivimos en un ciclo de conflictos de control, bien sea porque nos sentimos controlados o dominados, o porque sentimos la necesidad de controlar al otro. Estamos aprendiendo a renunciar al control, a ser asertivos y a resolver convenientemente los conflictos de control o poder.
Hay abuso físico, verbal, emocional o sexual en la familia. Identificamos, reconocemos y buscamos ayuda para quebrar los patrones de abuso.
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EL PROGRAMA Y LA FAMILIA

Nuestra familia es una parte muy importante de nuestro desarrollo y recuperación. Si estamos casados tenemos que reconocer que nuestra relación con nuestra pareja es el eje de la familia y que debemos asumir nuestro desarrollo a partir de ahí. Con frecuencia, el proceso empieza con el trabajo de uno de los cónyuges. El otro puede mostrarse renuente al principio, pero muchas veces se va interesando poco a poco.

Si nuestra pareja se muestra renuente o indiferente, abordamos nuestro trabajo de la siguiente manera:

  • Reconocemos nuestros sentimientos de impotencia, ira, desilusión, odio, desconfianza, etc. Podemos escribirlos y entregárselos a Dios en algún acto simbólico que nos ayude a aumentar la fe.
  • Le pedimos a Dios humildemente que le de a nuestra pareja la oportunidad de recuperarse. Pedimos por la necesidades y sentimientos de esa persona, por sanidad de todas las experiencias negativas que tuvo que pasar en las diferentes etapas de su desarrollo. Pedimos también por su familia de origen.
  • Buscamos comunicarnos con transparencia, comprensión y respeto.
  • Proponemos alternativas de trabajo sin presionar ni manipular al otro.
  • Trabajamos en nuestro proyecto de vida personal y lo compartimos con el otro.
  • Mantenemos la esperanza y la visión de fe y los compartimos con el otro.

Nos comprometemos a no culpar al otro por el mal funcionamiento de nuestras relaciones. Entendemos que sólo podemos responsabilizarnos por la parte que nos corresponde. Sabemos que traemos de nuestro pasado ideas y experiencias que influyen nuestro comportamiento y nos estorban. Por consiguiente nos hacemos responsables de identificar esos comportamientos y de cambiarlos por nuevas formas de pensar y de actuar que contribuyan al enriquecimiento de nuestra relación. Reconocemos que con frecuencia esperamos que el otro resuelva conflictos heredados de nuestro pasado o satisfaga necesidades que no satisfacimos en nuestras familias de origen, y que nos resentimos cuando no lo hace. Por eso individualmente trabajamos para lidiar con esos sentimientos que nos pertenecen únicamente a nosotros. 

Aceptamos que como familia o pareja tenemos conflictos que pueden llegar a ser serios en torno diversos asuntos tales como:

  • Manejo del dinero
  • Sexualidad
  • Crianza de los hijos
  • Conflictos de poder relacionados con nuestros roles y las normas, espacios y límites en la familia
  • Resentimiento
  • Temores
  • Control y celos
  • Familiares políticos
  • Comunicación
  • Gustos e intereses

Si en nuestra familia ha ocurrido una infidelidad debemos partir de una actitud de arrepentimiento. La persona que cometió la infidelidad debe arrepentirse. Las actitudes de negación, soberbia o descaro no conducen a una solución. Arrepentirse significa que se la relación infiel se va a dar por terminada, inmediata y efectivamente. Con frecuencia las parejas tienen que fijar límites claros para protegerse el uno al otro. Seguramente la persona que sufrió la infidelidad, también puede encontrar en sus actitudes y comportamientos cosas de las cuales arrepentirse. Es absolutamente indispensable reconocer que la infidelidad crea un situación muy difícil, destruye la confianza y replantea totalmente la dirección de nuestra relación.

El arrepentimiento es una oportunidad maravillosa para arreglar una familia desecha. Si hay arrepentimiento es importante dar gracias a Dios y empezar a trabajar los pasos a partir de ahí.

Como parte del primer paso, reconocemos nuestra impotencia respecto de nuestras relaciones; los hábitos, actitudes, comportamientos o adicciones personales que nos controlan y nuestra capacidad de alcanzar nuestra felicidad y realización plena por nosotros mismos. Mediante oración, como resultado del segundo y tercer paso, le entregamos a Dios nuestra vida y nuestra familia para que Él la forme según lo considere mejor. Le pedimos que nos quite el egoísmo y que nos ayude a afrontar los patrones disfuncionales que marcan nuestras muestras de cariño, nuestra comunicación y la experiencia de nuestra intimidad. Le decimos que queremos que nuestras victorias sean un testimonio de Su gloria, poder y amor para que también otros puedan encontrar este camino.

Abordamos el trabajo de los 12 pasos como un ejercicio de fe y no como una técnica que nos ayude a tener control del otro. Reconocemos que el deseo y los intentos de controlar al otro generan relaciones enfermizas. Por consiguiente, si el otro está dispuesto a trabajar los pasos con nosotros, llegamos a un acuerdo respecto a cuánto tiempo le dedicaremos a este trabajo en cada oportunidad. Entendemos que dedicar tiempo regularmente a trabajar estos pasos es indispensable, pero le daremos la preferencia al que sugiera dedicar menor cantidad de tiempo. Nos disponemos desde el principio a respetar el ritmo del otro. Si por alguna razón, no podemos o se nos olvida hacer el trabajo en el día y la hora convenidos, simplemente reanudamos tan pronto como podamos, sin discutir o culpar al otro. Puede ser que al reunirnos a trabajar con los pasos, nos veamos tentados a tratar de resolver algún asunto específico antes de terminar nuestro trabajo. Esto regularmente no sale bien. A menudo tenemos que aprender a trabajar adecuadamente con los pasos antes de poder tratar problemas específicos y formular nuestro proyecto de familia.

El programa de los 12 pasos se fundamenta en la honestidad. Hay que trabajar estos pasos con un compromiso total de transparencia. Al trabajarlos con el otro, nuestra intimidad sana y aumenta. Sin embargo, antes de lograr el grado de apertura e intimidad que promueve una relación verdaderamente sana la honestidad puede herir susceptibilidades y abrir situaciones emocionalmente fuertes. Por eso recomendamos proceder con cautela. Que no se nos olvide que habrá altibajos. No es necesario abrirse demasiado rápido ni esperar que el otro lo haga. Pero, con todo, a pesar que procedamos con tacto y consideración, la situación puede empeorar antes de mejorar. Por lo tanto, es recomendable que al iniciar hagamos un compromiso mutuo de no parar sin haber dedicado por lo menos seis meses de trabajo sincero, honesto y completo. Si los dos están de acuerdo pueden concertar un acuerdo como el siguiente:
Ejemplo de un convenio para trabajar los pasos con el otro.

ACUERDO

Yo, _________________________________, me comprometo a trabajar los pasos uno, dos y tres el día _______________ a las ______________ por espacio de ____________________ (minutos, horas) durante los próximos _________________ meses. 

Empezaremos cada sesión con una oración de nosotros a Dios. Tendremos presente en nuestra mesa una lista de pautas para una buena reunión y le daremos lectura. Además seguiremos los siguientes lineamientos:

  • No interrumpiremos al otro.
  • Evitamos cualquier palabra ofensiva y mantenemos un tono de voz conversaciones y conciliador. 
  • Mantendremos nuestro enfoque en nosotros mismos, no en el otro. Evaluaremos nuestro progreso personal, no el del otro. No nos fijaremos en las caídas del otro, sino en las posibilidades de restauración personal.
  • Nos comprometemos a quedarnos en la reunión por el tiempo convenido y no salirnos intempestivamente. Si pensamos que el tono de la unión se está volviendo innecesariamente ofensivo, cualquiera de nosotros puede decir: «Con gusto continuaré hablando contigo, tan pronto como podamos dialogar constructivamente». 
  • Mantendremos la reunión únicamente por el tiempo convenido.
  • Si, por razón de fuerza mayor, alguno de nosotros tiene que ausentarse de la reunión, sin haberla terminado, nos comprometemos a poner inmediatamente un fecha para continuarla.
  • Empezamos y terminaremos cada reunión con una oración de nosotros a Dios, siguiendo los lineamientos expuestos arriba. Cultivaremos también el hábito de la oración individual. Mantenemos la confianza en Dios entregándole a él cada día y cada sesión en la que participemos. Tenemos siempre presente que el programa se basa en los pasos uno al tres que podemos resumir así: Yo no puedo. Dios si puede. Le entrego a él mi vida.
  • Si después de dos reuniones sentimos que no estamos pudiendo progresar, pediremos la ayuda de otra persona con más tiempo trabajando el programa.
  • Estamos de acuerdo que si al finalizar el tiempo estipulado en este contrato no hemos terminado nuestro trabajo con los pasos uno, dos y tres, lo extenderemos convenientemente para poder finalizar bien el trabajo.
  • Iremos elaborando poco a poco un proyecto para nuestra vida familiar y de pareja.
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VALÓRESE

EL CUADRO CUESTA DE $250 A 300 MILLONES DE DÓLARES 

 "Los jugadores de cartas" es una serie de cinco pinturas por el gran pintor francés Paul Cézanne creadas a principios de la década de los años 1890. Una versión de la obra fue vendida en el 2011 a una familia real de Qatar por un monto avaluado entre $250 y $300 millones de dólares. Si usted tuviera en sus manos una de estas obras, ¿cómo la trataría? ¿Qué importancia le daría?

Muchos de nosotros, cuando llegamos al grupo, venimos derrotados y pensamos que nuestra vida no vale nada. Sin embargo, pronto nos damos cuenta de que tenemos que replantearnos el tema de la valoración. En la Biblia leemos que fuimos creados directamente por Dios y que, por consiguiente, tenemos un potencial enorme. En nuestro porvenir hay un mundo de posibilidades maravillosas. Si destruimos nuestra vida o la perdemos, aniquilamos también todas sus fantásticas posibilidades. Somos capaces de procrear, pero más que eso, podemos pasar a otros, sean hijos nuestros o no, nuestro legado espiritual y el de nuestra familia. De nosotros, muchos más pueden salir y alcanzar grandes logros. Somos como semilla que cuando muere produce una gran cosecha. Vale la pena salvar nuestra vida y nuestra familia. Nuestros sentimientos, nuestro amor y nuestra energía espiritual son más profundos y poderosos que nuestro cuerpo físico y que todas las cosas materiales que nos rodean. Nuestra influencia va mucho más allá que nuestra capacidad de engendrar. No insistamos en devaluarnos a nosotros mismos. Pongamos nuestra preciosa vida en las manos de Dios y pidámosle que abra nuestros ojos para ver todas las formas en que podemos ser instrumentos de su bondad, tocar la vida de otros e influir todos los días positivamente sobre el mundo que nos rodea.

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¿QUÉ ES SER PAREJA?

Ser pareja es aprender a ser uno, a disfrutar en la diversidad de la paz y la armonía y a superar la tendencia al distanciamiento y la indiferencia que conducen a la soledad. Ser pareja es potenciar mutuamente la personalidad del otro, forjando juntos una misma meta y abriendo juntos un mismo camino para lograrla. Según la Biblia, el hombre deja a su padre y a su madre y se une a su mujer para, los dos, convertirse en uno solo. (1)  Para hacer esto posible, nos comprometemos como pareja a expresarnos nuestro amor verbal, física, sexual, emocional y espiritualmente, de una manera exclusiva y total. Procuramos cada día vitalizar nuestra relación y nuestro compromiso mediante actos espontáneos de amor, cuidando del otro así como cuidamos de nuestro propio cuerpo. (2)

Reconocemos que el amor en su forma más pura es una determinación libre de nuestra voluntad. Renunciamos por completo a la idea de manipular o controlar a nuestra pareja. Buscamos amar como Dios nos ama (3) sin suponer que el amor de nuestra pareja define quienes somos o cuanto valemos. Escogemos amar con libertad plena, tomando consciencia de que ni nuestra felicidad ni nuestra vida dependen de nuestra pareja. Así evitamos conscientemente crear relaciones enredadas con nuestra pareja o volvernos totalmente dependientes de ella. De igual manera nos mantenemos libres de los enredos en los que pueda pretender meternos involuntaria o voluntariamente nuestra pareja e insistimos en no fomentar su dependencia total de nosotros. Sabemos que a veces tal dependencia y enredo se confunde con el amor.

Fomentamos el amor expresado como "philos", es decir, afecto y romance. También potenciamos el amor como "eros", o sea como deseo y satisfacción sexual. Pero también hacemos que crezca el amor como "ágape", es decir como decisión y compromiso libre. Evitamos toda forma de narcisismo, reconociendo que el amor genuino es ante todo amor al otro. Así es como Dios nos ama: con nuestras diferencias, e incluso con nuestros errores y defectos. Por eso, asumimos que nuestra relación de pareja es una oportunidad de curar, por medio del amor, los males que nos causa el egoísmo. Valoramos nuestras diferencias, sabiendo que son las que enriquecen nuestra vida y amplían nuestros horizontes.

Procuramos estar atentos a las necesidades de nuestra pareja y tratamos de satisfacerlas, buscando formas de agradarle continuamente. Pero no creemos que satisfacer a nuestro cónyuge es la razón final de nuestra vida, ni que somos la fuente final de su felicidad y satisfacción. Reconocemos que con frecuencia las diversas ocupaciones y distracciones de la vida hacen que nos desentendamos de nuestra relación y, por eso, nos comprometemos a enfocar cada día nuestra atención en nutrirla convenientemente. 

Estamos convencidos de que, aunque somos uno por el amor que nos une, cada uno de nosotros es una persona distinta y no nos sentimos obligados a estar de acuerdo en todas las cosas, tener los mismos gustos, o compartir los mismos intereses. Por consiguiente, procuramos cada día respetar y apreciar nuestras características individuales y definimos nuestra unidad con base en el amor, (4) buscando maneras de complementarnos el uno al otro, sin juzgarnos ni entrar en competencia o juegos de control. Muy conscientes de que la seguridad es absolutamente indispensable para que crezca nuestra relación, nos esforzamos para fomentar un ambiente totalmente seguro para el otro. Entendemos que si dejamos que cada uno tenga que hacerse cargo de su propia seguridad en la relación, se desatarán fuertes vientos de distanciamiento entre nosotros.

Entendemos que para fomentar nuestra unidad tenemos que comunicarnos bien, aunque con frecuencia nos vemos tentados a pelear más que a comunicarnos. Por eso nos esforzamos por expresar verbalmente, sin ira ni agresión, nuestras necesidades, inquietudes y sentimientos. (5) Aceptamos y expresamos nuestros sentimientos clara y respetuosamente. Igualmente aceptamos y reconocemos nuestros errores. De la misma manera expresamos nuestras necesidades físicas, emocionales y espirituales. Con prontitud buscamos en cada problema nuestra responsabilidad propia, en vez de culpar al otro. Sabemos que al identificar nuestra responsabilidad, potenciamos nuestra capacidad de resolver los problemas, mientras que buscando culpas en otros creamos caos e impotencia. Por eso nos esforzamos en cada ocasión para distinguir entre lo que son nuestros problemas propios y los que le corresponden a nuestra pareja. Apoyamos y acompañamos a nuestra pareja en la solución de sus problemas, facilitando el proceso lo más que podemos; pero no nos responsabilizamos por resolvérselos.

En vista de todo lo anterior, reconocemos que alcanzar el nivel de unidad que se nos brinda, como una posibilidad enormemente valiosa en nuestra relación, es una tarea colosal. Somos dos personas distintas, con pesadas cargas y tendencias heredadas de nuestras familias de origen y con múltiples defectos de carácter propios. Por consiguiente, admitimos nuestra impotencia para lograr y mantener esa unidad mutuamente enriquecedora, pero aprendemos a confiar en nuestro Poder Superior y a entregar nuestra pareja al cuidado de él. ¡Solo Dios puede darnos unidad!

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(1)  Génesis 2:24
(2) Efesios 5:28-29
(3) Efesios 5:25
(4) Lea Colosenses 3:12-15
(5) Lea Efesios 4:28-32

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