Henry Roncancio's Posts (328)

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PAUTAS PARA UNA BUENA REUNIÓN

La confidencialidad y el respeto son esenciales para que nuestras reuniones sean sanas y constructivas. Muchos tenemos dificultad a la hora de establecer nuestros límites, ser asertivos y mantener nuestros espacios. Somos sensibles a los mensajes con doble sentido y la impresión que otros nos dan. Estas reuniones no son para dar consejos. Más bien el propósito es crear un ambiente seguro en el que podamos compartir nuestros dolores, luchas y alegrías. Para que esto sea posible es importante tener en cuenta lo siguiente:

  1. Tenemos que respetar nuestra confidencialidad a toda costa. Las personas que usted ve aquí, las cosas que oye y las cosas que ve, aquí se quedan. Nadie, fuera de esta reunión, tiene que saber quien vino o qué se dijo.
  2. Debemos hablar por turno y darle la oportunidad a otros que no han participado.
  3. Debemos evitar discusiones entre dos personas. Cada vez que hablemos debemos dirigirnos a todo el grupo.
  4. Hay que darle prioridad a los que asisten por primera vez.
  5. Debemos poner nuestros celulares en modo de silencio.
  6. Nadie debe sentirse obligado a compartir nada que no desee o seguir ninguna recomendación en contra de su voluntad.
  7. No se debe aprovechar la ocasión del grupo para hacer negocios, pedir dinero prestado o para hablar de cuestiones íntimas con personas distintas al cónyuge. 
  8. Se vale expresar sentimientos propios.
  9. Se vale cometer errores.
  10. Está bien discrepar o no estar de acuerdo respetuosamente.
  11. No se permiten insultos, difamaciones, ni palabras provocativas.
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EL SECRETO ES PROGRESAR

Algunos de nosotros pensamos: «Este programa es ridículo. Hemos perdido todo, nos han traicionado, no sabemos lo que es el amor, nuestras familias están destruidas, no tenemos comunicación y nada de lo que hemos intentado ha funcionado ¿y ahora nos piden que confiemos cien por ciento en un programa de doce pasos?

No se desaliente. Nadie es perfecto. Ninguno sigue sin fallar los principios de los doce pasos o la instrucción espiritual de la Biblia. Ningún ser humano ama en una forma perfecta, nuestra energía se agota y nuestras relaciones no se mantienen permanentemente en el más alto de los niveles. No hay cónyuges perfectos, ni familias perfectas. Tampoco existe una intimidad sin contratiempos. Pero lo que sí es real es que podemos decidir hacer cambios en nuestra vida y avanzar junto con nuestra familia por caminos de espiritualidad. Los principios y las instrucciones que leemos son la guía en ese proceso. Nuestro objetivo es progresar, no ser perfectos. Buscamos cada día entender y vivir mejor el amor para con Dios, para con nosotros mismos, para con nuestros seres queridos y para con todos (Lea en la Biblia Mateo 22:34-40). Esto significa que nos comprometemos a ser más cuidadosos de nosotros mismos, de nuestra vida íntima, de nuestras relaciones más importantes y de nuestras palabras (Lea en la Biblia Santiago 3:2-12).

 La experiencia nos ha enseñado que con facilidad las cosas en nuestra vida personal y familiar se vuelven ingobernables y que, pese a nuestros esfuerzos, nos encaminamos a la destrucción. Dadas las circunstancias en las que nos encontramos es prácticamente imposible no fallar. La Biblia enseña que si alguno cree que no falla, está viviendo una mentira; pero si reconocemos nuestros errores, alcanzamos el perdón y la sanidad (Lea en la Biblia 1 Juan 1:8-9). De ahí que lo importante es perseverar y mejorar cada día (Lea 1 Corintios 10:12). Los que participamos en este grupo nos hemos dado cuenta de que ningún poder humano puede darnos el amor, la paz y alegría que perdimos. Por eso creímos el mensaje y la experiencia de otros y buscamos permanentemente la ayuda de un poder externo y superior a nosotros. Renunciamos al deseo iluso de querer se dioses de nuestra propia vida y a alcanzar por nosotros mismos la seguridad y la inmortalidad. Por lo tanto hemos puesto nuestra confianza en Dios y nos comprometemos a ser constantes en nuestra nueva forma de vivir. 

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¿EN QUÉ CONSISTE EL PROGRAMA?

La columna vertebral de este programa son los doce pasos que compilaron por primera vez los grupos de alcohólicos anónimos. Según el Dr. Hart, profesor de psicología, «no hay programa de recuperación que haya sido tan efectivo en ayudar a la gente a sobreponerse a sus adicciones como los programas basados en los doce pasos… también los doce pasos se han aplicado con éxito a conductas compulsivas y a conflictos matrimoniales.»  (1)

Según el  libro de Alcohólicos Anónimos raras veces fracasan las personas que siguen estos pasos. Aquellos que no logran resultados son personas que no están dispuestas a entregarse totalmente a este simple programa. Son incapaces de entender o aplicar las exigencias de la honestidad mutua y rigurosa. Hay también aquellos que no están listos para aceptar el compromiso de trabajar para una vida y una familia mejor. Algunas personas sufren de trastornos emocionales muy fuertes y necesitan tratamiento psiquiátrico o psicológico, pero muchos también, siendo completamente honestos, pueden beneficiarse de este programa, previo el consentimiento de su terapeuta.

Aquí leemos, tanto la literatura relacionada con los doce pasos, como otros documentos de ayuda personal y, por supuesto, la Biblia. Compartimos nuestras historias relatando las experiencias que solíamos vivir, lo que hemos logrado aplicando los principios de este programa y cómo es nuestra vida actual. Algunas veces hay experiencias que no queremos compartir en la reunión o situaciones que son especialmente difíciles para nosotros en el ejercicio de estos pasos. En estos casos buscamos a alguien con experiencia comprobada en el trabajo de los doce pasos para que nos ayude individualmente. Esta persona o pareja vienen a ser nuestros mentores en el programa. Si usted está dispuesto para hacer lo que sea necesario con el fin de superar su situación actual y recuperar su vida y su familia, entonces está listo para iniciar su viaje por el camino de los doce pasos.

El programa implica trabajo. Además de asistir consistentemente a las reuniones usted deberá leer los varios artículos que aparecen en este cuaderno, así como el libro «Doce Pasos Que Nos Acercan Al Camino de Dios» por Don Umphrey, prestando especial atención a las distintas lecturas bíblicas que el texto sugiere. También le recomendamos leer el libro «Los Doce Pasos y Las Doce Tradiciones» de A.A y otra literatura de recuperación que tenga a la mano. Debe tomar tiempo para leer y trabajar personalmente y con su familia las recomendaciones y verdades que irá descubriendo. Escoja el tiempo y el espacio apropiado, sin interrupciones, para leer y trabajar el programa. Al leer, escribir o reflexionar sobre los distintos temas que encontrará durante el programa, empiece pidiéndole a su Poder Superior, entendimiento, valor y poder para realizarlos. Recuerde que este es un programa basado en la espiritualidad. Descubra la dimensión del espíritu. Por otra parte, hay que acostumbrarse a poner en práctica pronto aquellas conductas que nos producen buenos resultados. Empiece a vivir un día a la vez y comience cada día recordando cuánto vale usted y cuán grande es el valor de su familia. Cada uno individualmente hace este trabajo por sí mismo, pera fomentar el desarrollo personal. No pierda de vista la meta que es alcanzar la sobriedad, la serenidad y potenciar el amor. 

Algunas veces titubeamos y nos resistimos frente a algunas de las exigencias de los doce pasos. Quisiéramos encontrar algo más fácil y suave. Pero no existe tal cosa. Hay que emprender el camino con total resolución y sin miedo. Muchos hemos querido apegarnos a nuestras propias ideas y esquemas mentales habituales, mientras participamos en el programa, pero el resultado ha sido nulo, mientras no decidimos desechar por completo la vieja manera de pensar y vivir.

Nuestros verdaderos enemigos son engañosos, sorpresivos y poderosos. Estos son, nuestras adicciones, el resentimiento por las heridas que nos han causado, la ira, los celos, el egoísmo, la desconfianza, la ansiedad, el temor, los hábitos destructivos y muchas otras cosas parecidas (Lea en la Biblia Gálatas 5:19-21). Reconocemos que somos impotentes frente a estos enemigos colosales, pero creemos que un poder superior a nosotros mismos nos puede volver al camino de la vida plena.

Hemos comprobado que acciones a medias no nos conducen a ninguna parte. Por consiguiente, buscamos la protección y el cuidado de Dios y nos aventuramos a seguir estos pasos con el cien por ciento de nuestra voluntad y energía.

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(1)  El comentario del Dr. Archibald D. Hart se ha tomado del libro, Doce Pasos Que Nos Acercan Al Camino de Dios por Don Umphrey.

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LOS DOCE PASOS DEL GRUPO «APOYO»

Paso 1 - Admitimos que nos volvimos impotentes ante nuestros problemas y que ya no podíamos administrar bien nuestra vida personal y familiar, ni participar de los beneficios de nuestras relaciones. El primer paso incluye descubrir los patrones destructivos que nos controlan y hacer una evaluación honesta de los beneficios y costos de nuestros comportamientos y actitudes.

Paso 2 - Creímos que un poder externo y superior a nosotros mismos podía restaurar nuestra la salud mental y nuestra capacidad de mantener relaciones cercanas saludables.

Paso 3 - Decidimos entregar nuestra voluntad y nuestra vida al cuidado de Dios como alcanzamos a percibirlo. Este es el paso en el cual decidimos buscar soluciones por medios espirituales.

Paso 4 - Hicimos un inventario interno, profundo y valiente de nuestra vida y de nuestras relaciones con quienes nos rodean empezando con las personas más cercanas.

Paso 5 - Admitimos ante Dios, nosotros mismos y otras personas la naturaleza exacta de nuestras faltas. Este es el paso que nos libera para comenzar de nuevo.

Paso 6 - Decidimos dejar que Dios nos apartara por completo de todos nuestros defectos de carácter, nuestros malos hábitos de comunicación y nuestras faltas de amor. En este paso fomentamos nuestro deseo de cambiar.

Paso 7 - Humildemente le suplicamos a Dios que nos apartara de nuestras imperfecciones. Este es el paso en el cual clamamos a Dios que nos ayude.

Paso 8 - Hicimos una lista de todas las personas a quienes habíamos ofendido y decidimos enmendar nuestros errores.

Paso 9 - A todos los que pudimos les pedimos perdón por nuestras ofensas y reparamos los daños, teniendo cuidado de no causarle perjuicios materiales, morales o físicos a nadie.

Paso 10 - Continuamos haciendo semanalmente un inventario personal de nuestra vida y nuestras relaciones y cuando fallamos lo admitimos pronto. Este es el proceso mediante el cual reversamos nuestros patrones destructivos.

Paso 11 - Mediante oración y meditación personal y familiar mejoramos nuestra relación con Dios y liberamos nuestra mente para conocer su voluntad y tener poder para cumplirla. Este es el paso mediante el cual profundizamos nuestro sentido de ser guiados y sustentados por Dios y potenciamos la serenidad, la fe y la espiritualidad.

Paso 12 - Habiendo despertado espiritualmente llevamos este mensaje a otros y practicamos estos principios en toda ocasión, empezando por nuestras relaciones más cercanas.

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PREAMBULO

Este grupo es una comunidad de personas, sin distinción de cultura, raza o estrato social, que voluntariamente comparten su mutua experiencia, fortaleza y esperanza con el fin de crecer hacia una vida familiar plena. Hemos sufrido personalmente y con nuestras familias por causas diversas, tales como adicciones, comportamientos disfuncionales, y distintos problemas emocionales, y estamos aquí para enfrentar con el apoyo mutuo nuestros problemas. Los únicos requisitos para ser miembros de este grupo son el deseo sincero de una vida mejor y el compromiso de potenciar el amor en nuestras familias.

Aquí no se pagan honorarios ni cuotas a nadie. Nos mantenemos con nuestras propias contribuciones voluntarias. Este grupo no está afiliado a ninguna institución religiosa en particular, a ningún partido político, ni a ninguna otra organización. No respalda ni se opone a ninguna causa ajena a la recuperación y al desarrollo personal y familiar. Nuestro objetivo es mantener la sobriedad y la serenidad en todas las áreas de nuestra vida personal y familiar, fomentando relaciones saludables a través del desarrollo espiritual de cada uno. La sobriedad es un estado mental libre de influencias controladoras y perturbadoras y la serenidad es la calma interior que nos permite vivir sin fantasmas del pasado, sin temor de ser descubiertos en el presente y sin ansiedad por el futuro. En cuanto nos sea posible y conveniente, mantenemos relaciones de cooperación cordiales, pero autónomas, con otros diversos grupos de apoyo y recuperación. 

Este grupo no es un sustituto de terapia u orientación psiquiátrica o psicológica. Cualquier persona con un diagnostico de trastorno mental o emocional debe buscar y mantener ayuda psicológica o psiquiatrica. Los participantes deben saber que si sus situaciones son graves, ponen en peligro su vida o la de otros, o no mejoran adecuadamente, deben también buscar ayuda psicológica o psiquiátrica y que ni este grupo ni ninguno de sus miembros o facilitadores se hace responsable de ofrecer tratamiento médico o psicológico alguno. Si alguno de los presentes está bajo tratamiento psiquiátrico o sicológico debe consultar con su médico o psicólogo antes de participar en este grupo.

Los participantes deben entender también que este no es un grupo para dar consejos. Se trata simplemente de compartir las experiencias personales y cómo cada uno ha enfrentado sus propios problemas personales o familiares. Ocasionalmente alguno de los miembros con poca experiencia en este tipo de grupos puede ofrecer recomendaciones o confrontar a otros participantes sin el debido tacto. Los participantes deben saber que es enteramente su responsabilidad personal evaluar las recomendaciones que sus compañeros les den y que de ninguna manera deben sentirse presionados a tomar acción alguna en contra de su voluntad. 

En este grupo se enfatiza la espiritualidad. Procuramos descubrir y satisfacer  nuestras necesidades espirituales y potenciar las funciones del espíritu. Buscamos una comunión honesta con Dios, y procuramos discernir su voluntad y poner en Él nuestra confianza, en la medida en que alcanzamos a percibirlo. Con este propósito seguimos el formato para nuestras reuniones estipulado en este enlace: Formato para las reuniones

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FORMATO DE LAS REUNIONES

  1. Oración inicial.
  2. Lectura del preambulo.
  3. Presentación.
  4. Lecturas: Alguno de los parrticipantes puede contribuir con una lectura que hay impactado recientemente su vida. Si nadie tiene una lectura para compartir, pueden usarse los siguientes ejemplos.
    • ¿En qué consiste el programa?
    • El secreto es progresar
    • Guías para una buena reunión
    • Resumen de los doce pasos
    • Otras lecturas sugeridas por los facilitadores.
  5. Hora de compartir
    • Los parcipantes que así lo deseen pueden compartir una experiencia personal
    • Los participantes reflexionan grupalmente sobre la experiencia compartida. Es una reflexión no una oportunidad para dar consejos o recomendaciones. Reflexionar sobre la experiencia compartida es hablar de cómo dicha experiencia se relaciona con la vida y esperiencia personal de uno. Seguimos los siguientes pasos:
      • Idenficar el corazón de la o las experiencias: Al partir de la experiencia personal de cada uno, los participantes procurarán descubrir cuál puede ser la energía central de la o las experiencias. Esta definición debe ser muy breve, sin enjuiciamientos ni posturas. Se trata de percibir la fuerza central de la o las experiencias.
      • Los participantes hablarán de cómo sus vivencias, cultura y tradiciones se relacionan con el corazón de la experiencia o experiencias.
      • Los participantes se enfocarán en expresar sin ejuiciamientos sus sentimientos en relación con la o las experiencias. Todos deben recordar que los demás están compartiendo sus sentimientos y que esto no implica una evaluación moral de la experiencia o experiencias de otros. Es simplemente cómo me siendo yo aquí y ahora respecto a lo que se ha compartido.
      • Los participantes relacionarán el corazón de la experiencia o experiencias con imagenes y sensaciones.
      • Los participantes procurarán descubrir como se relacióna el corazón de la experiencia o experiencias con lo que recuerdan de la Biblia. 
      • Los participantes identificarán posibles nuevas perspectivas o significados que hayan surgido en la reflexión grupal.
    • Los participantes se enfocarán grupalmente en acciones a tomar como resultado de la reflexión del grupo. Las siguientes preguntas pueden ayudar al grupo a identificar acciones a tomar.
      • ¿Qué ha estado Dios haciendo en mi vida?
      • ¿Qué debe estar pasando en mi vida y en mi contexto? ¿Qué tensión observo entre mi presente y las posibilidades mejores del futuro?
      • ¿Qué cambios interiores puedo intentar en mi corazón?
      • ¿Cómo puedo ser presencia o signo de la cercanía de Dios en mi entorno?
  6. Oración final
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Discrepancias, cismas y denominaciones

En los dos artículos anteriores vimos que la naturaleza y el rumbo de la iglesia que Jesús había establecido en el primer siglo fue cambiando paulatinamente a medida que se introdujeron prácticas y doctrinas diversas. Como era de esperarse, surgieron fuertes discrepancias y contiendas que prontamente se extendieron por todas las iglesias. Se formaron luchas de poder y escuelas de pensamiento muy influyentes que causaron polarizaciones incluso entre entre los cristianos seguidores de la enseñanza apostólica. Desafortunadamente aquellos cristianos gradualmente abandonaron la práctica de dirimir sus diferencias apelando al amor y a la Palabra revelada, y optaron por apelar más a la autoridad de los supuestos obispos, siguiendo listas no siempre confiables de sucesión apostólica. Más tarde vino la idea de los concilios de los supuestos sucesores de los apóstoles; y luego, peor aún, la búsqueda de aprobación por los poderes políticos de su época. A partir del siglo IV, la conexión inicial con Jesucristo y el compromiso con Su plan de redención se fue esfumando con mayor rapidez, especialmente a partir de la fecha en que la iglesia empezó a gozar de la aceptación y el apoyo del imperio. Además, dado que en la antigüedad era común que los pueblos adoptaran fácilmente la religión de sus emperadores, la conversión de Constantino y el hecho de que, después de él, los gobernantes fueran generalmente cristianos fueron dos factores que hicieron que muchas personas se añadieran a las filas de la iglesia, pero sin convicción ni verdadera formación apostólica. Estos nuevos "cristianos" simplemente querían una religión, preferiblemente con rituales sobrecogedores y una apariencia majestuosa. 

Por otra parte, también la concentración de prestigio y poder en los líderes eclesiásticos y su estrecha relación con los poderes políticos seculares del imperio romano ya de por sí dividido, fueron dos circunstancias que contribuyeron a que se fomentara más desde los comienzos de la Edad Media en el siglo V el creciente distanciamiento entre la iglesia accidental y la oriental. De por sí, las diferencias culturales eran profundas y, además, en uno y otro lado del imperio las condiciones políticas iban haciendo la brecha también más honda. En este ambiente, las grandes discusiones teológicas que suscitaban las escuelas iban marcadas con el favor o la desaprobación de los emperadores, quienes hacían sus decisiones más por consideraciones políticas que bíblicas. Fue así como eventualmente, después de más de quinientos años de distanciamiento, el 16 de Julio de 1054, se produjo definitivamente el cisma entre la iglesia católica romana y la que vino a ser la iglesia católica ortodoxa.

La iglesia ortodoxa, igual que la iglesia católica romana, fundamenta su existencia en la sucesión ininterrumpida de obispos desde la época de los apóstoles originales de Jesús. En la actualidad cuenta con más de 300 millones de fieles en todo el mundo y está organizada en torno a 15 patriarcados autónomos e independientes. Los patriarcas ejercen su autoridad en sus respectivas jurisdicciones respetando cordialmente sus límites y resuelven sus problemas sin acudir a ninguna autoridad superior. Los patriarcados más antiguos son los de Constantinopla, Alejandría, Antioquia y Jerusalén. El patriarca de Constantinopla goza de una posición especial de honor, pero no tiene jurisdicción sobre los demás patriarcas. Además hay otras iglesias ortodoxas que se gobiernan a sí mismas y que no están subordinadas a los patriarcados oficialmente reconocidos. 

Para finales del siglo XV la situación de la iglesia católica romana era absolutamente deplorable. El poder había corrompido a los líderes. Los ministerios ya no eran oportunidades de servicio amoroso y abnegado, sino posiciones eclesiásticas que se compraban y se vendían sin ningún miramiento o atención a la vocación o el carácter moral de quienes las negociaban. Desde los papas hasta los monjes, los prelados de la iglesia ostentaban sin reparos el derroche de cosas y el libertinaje sexual. El pueblo empobrecido vivía en completa ignorancia, hundido en la superstición. A los papas les interesaba más el lujo y la gloria de Roma, que el progreso del mensaje de amor humanizante y esperanzador que Jesús proclamó dede la cruz. Era obvio que la iglesia católica romana se había apartado de aquella muchedumbre de personas sencillas y comprometidas que en los primeros siglos de nuestra era estuvieron dispuestas a dar su vida por mantener con pureza y honor el ideal del crucificado. 

No solamente la explotación de los «pastores» a su «grey» y su escandalosa avaricia e inmoralidad separaban esta nueva y decadente iglesia de la primitiva. Muchos dogmas y prácticas ajenas a las enseñanzas originales de los apóstoles se habían introducido a lo largo de los años y ahora eran tenidos por dogmas de fe que todo creyente debía confesar so pena de ser enjuiciado por la severa Inquisición. Para colmo de cosas, la Biblia solo estaba disponible en latín y la gente común de muchos pueblos que ni hablaban ni leían latín no tenían acceso a ella. Después de la caída de Constantinopla en 1453, llegaron a occidente textos bíblicos griegos y en algunos estudiosos que empezaron a leerlos se despertó la llama de una reforma que pudiera llevar a la iglesia a retomar el rumbo marcado en las fuentes originales de la fe, es decir, los escritos del Nuevo Testamento. 

Estando así las cosas, a principios del siglo XVI, Martín Lutero propuso cambiar aquellas doctrinas y prácticas de la iglesia católica romana, que a su parecer no estaban de acuerdo con Las Escrituras. Puesto que la iglesia católica rechazó rotundamente esta propuesta, surgió un movimiento nuevo, separado, conocido como «el movimiento de la reforma protestante». La idea de Lutero era que la Biblia, y no la jerarquía católica, debería ser la autoridad final en asuntos de fe. Él creía que las personas se salvan por su fe en Jesucristo y no por el cumplimiento de obras y ritos impuestos por la iglesia. Lutero se opuso especialmente a la venta de indulgencias, explotación sin escrúpulos de la fe ignorante y los temores de los fieles. Por su parte, paralelamente en Suiza, Ulrico Zuinglio llegó también a conclusiones similares a las de Lutero en Alemania y lideró la reforma en su región.

El siglo XVI era una época de grandes cambios en Europa. Soplaban fuerte los vientos del humanismo y el nacionalismo. Varios sectores de aquellas sociedades convulsionadas vieron en las ideas de los reformadores un punto de apoyo para adelantar sus ideales nacionalistas y los intereses de su respectiva clase. A la vez las corrientes de la época influían también sobre el pensamiento de los reformadores, mientras ellos aspiraban a contar con el apoyo de sus pueblos. Zuinglio, por ejemplo, a pesar de insistir en que actos como la participación de la cena del Señor eran simplemente expresiones simbólicas de la fe, mantuvo la práctica del bautismo de infantes en conformidad con sus ideales patrióticos, a pesar de lo contradictoria que ésta era  respecto de sus propios planteamientos.  Después de todo, si el bautismo era solo un símbolo de fe, ¿qué sentido tiene practicarlo en una persona que no entiende lo que está pasando?

Fue así como desde el principio surgieron dos corrientes de reforma: La iglesia luterana, por un lado; y la iglesia reformada, por el otro. Lutero, por una parte, esperanzado en tener más adeptos y lograr más apoyo para su causa en Alemania, no quería causar tropiezos ni distanciamientos innecesarios con los católicos de su país. Por ello insistía en que sólo era necesario cambiar aquellas prácticas o doctrinas que abiertamente contradecían las Escrituras. Por otro lado, Zuinglio asumía que una verdadera reforma debía eliminar todas aquellas doctrinas o prácticas que uno no pudiera verificar en la Biblia. 

Por ahí en 1530 en Francia, Juan Calvino, un ilustre estudioso de teología, humanidades y derecho, se convirtió a las ideas de la reforma y rompió con la iglesia católica, negando su autoridad, enfatizando la importancia primordial de la Biblia e insistiendo en la salvación por fe y no por obras. Unos años después, la violenta persecución emprendida en Francia por los católicos contra los protestantes, lo obligó a huir Basilea, Suiza.  En 1536 se instaló en Ginebra. De allí fue expulsado debido al excesivo rigor que pretendía imponer sobre los creyentes. Sin embargo, en 1541 volvieron a llamarle a Ginebra donde poco a poco adquirió gran poder, no sólo religioso sino también político y logró imponer los ideales de su religión en la vida pública. De hecho, en 1553 hizo quemar en la hoguera a Miguel Servet, a quien consideraba hereje por sus ideas sobre la trinidad. Posteriormente, sus doctrinas dieron lugar al calvinismo y sirvieron de base al desarrollo del protestantismo en toda Suiza y Holanda, de los hugonotes en Francia, los  presbiterianos en Escocia y los puritanos en Inglaterra. Calvino se opuso a la unidad con la corriente Luterana aduciendo diferencias teológicas irreconciliables.  Entre estas estaba principalmente  su doctrina de la predestinación, según la cual Dios determina de antemano quienes se salvan y quienes no sin mediar para nada la voluntad de los individuos. Las buenas obras no contribuyen en nada para la salvación, sino que son también la conducta predestinada por el Creador para los que se salvan, igual que les bendiciones que puedan recibir en su vida.

Debido a que ni Lutero ni Zuinglio, con sus respectivos grupos, se atrevieron a ser más consecuentes con sus ideales de retornar a derrotero marcado por los escritos del Nuevo Testamento, surgieron nuevos grupos con propuestas más radicales. Se les conoce en la historia de la iglesia como «anabaptistas», porque insistían en que el bautismo de infantes no es válido y los creyentes tienen que bautizarse como adultos para pertenecer a la iglesia del Señor. Estos grupos rechazaron cualquier alianza con los estados de su época y por eso se les consideró subversivos y fueron cruelmente perseguidos. Al morir la primera generación de líderes pensadores, la segunda generación, impulsada principalmente por campesinos resentidos se volvió más radical aún, rehusaron pagar impuestos o intereses, empezaron a predecir la inminente segunda venida de Cristo y eventualmente en algunos casos formaron movimientos revolucionarios violentos.

Después de la derrota de los anabaptistas revolucionarios en Münster, Alemania en 1535, surgió una nueva generación de pacifistas. Uno de ellos, Menno Simons fundó en Holanda la denominación de los Menonitas. Los menonitas ejercieron una influencia notable sobre un grupo de ingleses que habían huido a Amsterdam por causa de la persecución. Uno de ellos, John Smyth fundó en 1609 la primera iglesia bautista inglesa. 

A partir de 1534, la iglesia católica de Inglaterra se separó de Roma cuando el rey Enrique VIII rompió relaciones con el Vaticano, luego de que el papa Clemente VII le negara la anulación de su matrimonio con Catalina de Aragón para casarse con Ana Bolena. El rey se declaró cabeza de la iglesia en Inglaterra, anuló su matrimonio con Catalina y determinó no continuar pagando tributos a Roma.  Enrique VIII, no estaba realmente interesado en una reforma doctrinal de la iglesia. Sus intereses eran predominantemente políticos. Sin embargo, sus políticas fueron bien recibidas por varios sectores en Inglaterra que ya tiempo atrás querían ser independientes de Roma y que veían en ellas la posibilidad de llevar a cabo cambios más profundos. Catarina Parr la sexta y última esposa de Enrique VIII simpatizaba con la reforma. Así, después de la muerte de Enrique VIII, la iglesia de Inglaterra tomó más rasgos del protestantismo y se distanció más de la iglesia católica. Todos los creyentes pudieron participar del pan y de la copa en la comunión, los clérigos pudieron casarse, las imágenes se quitaron de los templos y los cultos se celebraron en inglés. Tras el mandato de María la sanguinaria, hija de Enrique VIII y Catalina, quien quiso restaurar el catolicismo en Inglaterra, condenando a casi 300 líderes religiosos a la hoguera, Elizabeth, su media hermana, hija de Ana Bolena, asumió el trono y siguió una política de acercamiento en la que se mantuvieron la separación de Roma y varios elementos de la reforma protestante a la vez que prácticas y credos tradicionales, como el uso de imágenes pero sin venerarlas. La iglesia anglicana se considera una iglesia católica reformada o una iglesia protestante sin nexos directos con los padres de la reforma. 

En Estados Unidos, a raíz de la experiencia de la revolución Americana y al ambiente progresivamente favorable para el pluralismo, floreció y se desarrolló la idea del denominacionalismo. La palabra denominación connota la idea de que la iglesia es una entidad invisible que está representada por las diversas denominaciones o nombres que tienen las agrupaciones y organizaciones voluntarias que forman libremente los cristianos según sus preferencias personales. Entre las muchas denominaciones que hoy por hoy se han extendido por todo el mundo tenemos: La iglesia adventista del séptimo día, fundada a principios de los años 1800; la iglesia de Jesucristo de los santos de los últimos días o la iglesia de mormón, fundada por José Smith en 1830 en Fayyete, Neva York; Los Testigos de Jehová, denominación fundada por Charles T. Russell en 1879,  Las iglesias pentecostales y las asambleas de Dios; fundadas a principios de los años 1900; y la Iglesia del Nazareno, que resultó de la unión de varios grupos independientes en 1907 y 1908.

Este resumen brevísimo de historia cristiana es una aproximación el panorama frente al cual hay que considerar el tema que nos concierne en esta serie: las doctrinas en la iglesia. Las experiencias de los cristianos en otras épocas, por una parte, ilustran una amplia gama de retos, aciertos y equivocaciones; y por otro, nos presentan el trasfondo de las diversas doctrinas que con frecuencia encontramos en las iglesias actuales. ¿Debe la iglesia que fue fundada para navegar contracorriente simplemente seguir el curso de los tiempos? ¿Cómo puede una iglesia llevada de un lado a otro por vientos doctrinales formados en las pasiones y ambiciones de las naciones ser señal de esperanza y transformación? Nuestra era está marcada por cambios sin precedentes. Vivimos en una época post cristiana en la que tal vez la mayoría ha perdido la fe en lo que el cristianismo puede significar en el mundo después de tantos siglos de alianzas y compromisos con los poderes de la tierra.  Para muchos la única esperanza está en la fortaleza y la esperanza individual que la fe de cada cual pueda traer al corazón. Sin embargo, si hemos de creerle a Jesucristo, Dios espera de nosotros que seamos la sal y la luz del mundo, lo que significa que le enseñemos a otros lo que aprendemos de Él.

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OTROS CAMBIOS SIGNIFICATIVOS

La iglesia es una entidad muy especial. La Biblia enseña que fue preparada y planeada por Dios antes de la fundación del mundo (1). Su fundador es Cristo mismo (2) y su constructor es el Espíritu de Dios (3). Sin embargo, los obreros que trabajamos en ella y colaboramos con el Espíritu Santo en su construcción somos humanos. Por consiguiente, la iglesia es a la vez el resultado de una obra tanto divina como humana. Al edificar la iglesia, Dios no anula nuestra humanidad ni nuestra libertad. Al contrario, en la iglesia somos llamados a potenciar nuestra humanidad, tal y como fue diseñada por Dios en su creación original. Esto implica dos cosas muy importantes para nosotros a la hora de evaluar los cambios ocurridos en el cristianismo a lo largo de los siglos: En primer lugar, la iglesia vive su llamamiento en contextos socioculturales específicos. En segundo lugar, cada uno de los creyentes que componemos la iglesia estamos constantemente expuestos a cometer equivocaciones y errores. Detengámonos unos momentos en la primera implicación.

Para ser pertinente, la Iglesia debe, como lo hizo el Maestro, proclamar y ser mensaje de Dios en el devenir diario de los distintos pueblos y localidades donde le corresponde vivir. Así, cuando leemos el Nuevo Testamento, nos encontramos con muchas prácticas, costumbres y términos que fueron parte de las sociedades y culturas en las que se desarrolló el cristianismo primitivo. Algunas de ellas son por ejemplo, la forma de saludar (4), la institución de la esclavitud (5), la tensión entre creyentes judíos y gentiles (6), los medios de transporte (7), la forma de demostrar una actitud de servicio (8), el significado convencional de ciertos cortes de cabello (9), y varias otras cosas más. Los cristianos del primer siglo pudieron ser sal en sus culturas porque supieron vivir y predicar su fe permaneciendo inmersos en sus respectivos mundos sin dejarse arrastrar por la corriente y sin convertirse ellos mismos en un grupo más del montón.

Las costumbres, los idiomas, los medios de comunicación, las instituciones y todas las demás expresiones culturales que caracterizan nuestra actividad humana cambian de una era a otra. Por consiguiente, el reto para la iglesia en cada época es estar en el mundo sin ser del mundo (10). Es decir, oír la voz de Dios y ponerse en marcha desde su propio lugar sociocultural. Únicamente así podemos ser una iglesia misionera, signo de esperanza y transformación. Pero, claro, esto implica el ejercicio de nuestro juicio humano.

Aún en el primer siglo, con la memoria fresca de los eventos y enseñanzas de Jesús y mientras el Espíritu Santo estaba revelando directamente la Palabra de Dios, podemos ver lo difícil que es este reto para la iglesia. El primer paso intercultural que tuvo que dar la iglesia tuvo que ver con la súbita acogida del Evangelio por parte de judíos extranjeros. La Iglesia nació en Jerusalén, en el contexto de una comunidad predominantemente Palestina. ¿Como había que vivir la fe en convivencia con un gran número de judíos con raíces griegas? El relato que leemos en Hechos 6:1-7 nos muestra claramente cómo el factor humano interfiere con el cumplimiento cabal de la voluntad de Dios. Más tarde la Iglesia tiene que dar otro importante paso intercultural. ¿Qué hacer con extranjeros simpatizantes del judaísmo, pero no convertidos todavía? ¿Se podía aceptarlos la iglesia sin necesidad de hacerlos primero judíos? En Hechos 10 y 11 leemos que ni aún para el apóstol Pedro éste fue un paso fácil. De hecho, a partir de ahí y a medida que el Evangelio se extendió por pueblos y ciudades cuya población era predominantemente gentil, surgieron múltiples cuestiones que los primeros cristianos tuvieron que discutir.

Desde el principio, pues, es claro que la fe se vive avanzando, a pesar de la vacilación inherente a nuestra condición humana. Si tuviéramos que representar en un esquema ese avance vacilante de la fe a través de los siglos, dibujaríamos una línea horizontal oscilante en la cual la subidas y bajadas representan nuestras incertidumbres y equivocaciones al avanzar por el derrotero que nos marca la palabra histórica de Dios, "la fe una vez dada a los santos". Se vale tener dudas e incluso equivocarnos, siempre y cuando avancemos en la dirección correcta. El problema es apostatar, desviarse de dirección. Este ha sido un peligro grave, también desde el principio (11). Veamos algunos ejemplos a continuación.

Aproximadamente a partir del año 200 d.C, en varias iglesias los cristianos empezaron a conmemorar la fecha del fallecimiento de los mártires y a hacer donaciones en su nombre. Gradualmente los obispos les dieron a estas celebraciones un carácter oficial. Éstos actos conmemorativos fueron tomando la forma de una veneración especial por aquellos que habían dado su vida por causa de Cristo. Posteriormente, a la lista de mártires se añadieron otros cristianos cuya piedad se consideraba sobresaliente. Así, pese a que en el Nuevo Testamento todos los creyentes son considerados santos, la palabra Santo se limitó únicamente a esta lista de personas especiales. En el año 1170 d. C. el papa Alejandro III afirmó que a nadie podía venerársele como santo sin la aprobación oficial de la Iglesia Católica Romana. Actualmente la Iglesia Católica solamente autoriza venerar como santos a aquellos que han sido oficialmente canonizados por el papa. Además, la veneración a los santos incluye el uso de imágenes, frente a las cuales los creyentes se arrodillan, piden de milagros, encienden velas y practican otras formas de adoración, mezclando enseñanzas cristianas con prácticas y festividades paganas.

En el año 253 d.C, Novaciano, recluido en una cama por causa de su enfermedad, fue bautizado rociándole agua sobre todo su cuerpo. Al principio a esto se le llamaba "bautismo clínico" y estaba reservado solamente para enfermos que no podían levantarse de su cama, aunque muchos dudaban de su validez. Eventualmente, después de mucha controversia, también se fue adoptando práctica de bautizar bebés, especialmente después de que Agustín (354-430 d. C.) propusiera en el que siglo cuarto la idea del pecado original. Sin embargo fue hasta el año 1311 d. C., en el concilio de Ravenna, que se decretó oficialmente que el bautismo por rociamiento era igual al bautismo por inmersión. En la actualidad la práctica general de la iglesia católica es el bautismo de infantes por rociamiento, aunque algunos templos católicos modernos están construyendo pilas, para bautizar a aquellas personas que prefieran hacerlo por inversión. De igual manera, el catolicismo oficial se está alejando de la idea del limbo como el lugar donde van a parar los niños que mueren sin ser bautizados.

Veamos a continuación otros cambios significativos. Bajo la dirección del Espíritu Santo, los cristianos del primer siglo se apartaron sustancialmente de ritos y ceremonias elaboradas y se concentraron en una adoración espiritual, sencilla y práctica centrada en la Palabra de Dios. Pero a partir del 250 d. C. el deseo de más rituales dio pie a que surgiera una clase sacerdotal separada del resto de la iglesia, pese a que en el Nuevo Testamento todos los cristianos son considerados un "sacerdocio real".(12) Del mismo modo, por ahí a partir del año 350 d. C. las reuniones de adoración empezaron a llamarse "misa", debido a la frase en latín "Ite, missa est", que se usaba para despedir la asamblea antes o después de la cena del Señor. La frase literalmente significa: "Váyanse, esta es la despedida." En la actualidad, la Iglesia Católica considera que durante la misa, el sacerdote renueva el sacrificio de Cristo en la cruz convirtiendo el pan y el vino literalmente en el cuerpo y la sangre de Jesús. A esta doctrina se le conoce como "transubstanciación" y no fue generalmente aceptada en la iglesia hasta después del año 800 d. C.

En el año 1704 d.C se le prohibió determinantemente a los sacerdotes que se casaran. Pero, puesto que hubo tanta resistencia, la práctica del celibato no se forzó con rigidez hasta después del año 1123 d. C. En el año 1564 d. C. El papa Pío IV decretó que solamente la Iglesia Católica tenía el derecho de interpretar las Escrituras. Los creyentes no deberían tener acceso individual y directo a la Palabra de Dios. En 1870, en el concilio Vaticano, se decretó el dogma de la "infalibilidad del papa". Según esta doctrina, cuando el papa habla oficialmente sobre asuntos de fe y moral está exento de cometer cualquier error. El 1 de noviembre de 1950 el papa Pío XII decretó del dogma de la Asunción de María, Según el cual, después de cumplida su misión en la tierra, María fue recibida en el cielo en cuerpo y alma.

Éstos y muchos otros dogmas y prácticas señalan un rumbo diferente al que marcó Jesús al establecer su iglesia en el primer siglo. En vez de una iglesia orientada por la palabra histórica de Dios, surgió una iglesia dirigida por las leyes y los decretos de los concilios y de los papas. En vez de una iglesia espiritual, despegada del mundo y retadora del paganismo, se fue formando una iglesia materialista, sincretista y apegada a lo ritual y a lo mágico. En vez de ser una iglesia que avanza contracorriente, aparece una iglesia que se acomoda al mundo y se confabula con los poderosos. No sigue la estrella que conduce a la sencillez del pesebre, signo inconfundible del nuevo pueblo de Dios, sino que se empeña en seguir la ruta equivocada de los grandes de la tierra que, siguiendo el consejo satánico, buscan a cualquier costo alcanzar la gloria de los astros.

El camino de Jesús jamás ha sido ancho, fácil o espacioso. Si queremos andar por él, tenemos que mantener puesta la mirada en la dirección hacia la que apuntan los eventos, las doctrinas y las prácticas del Nuevo Testamento. No basta con hacer una lectura superficial y legalista de sus documentos buscando repetir ciertas formas o credos aislados y creyendo haber restaurado con ello el cristianismo primitivo. Tampoco es suficiente una fe subjetiva y sin contenido incapaz de ofrecernos una guía real. Dios actuó y hablo en el primer siglo y con sus hechos y palabras dio comienzo a una nueva era, en cuyo desarrollo nosotros, en la alborada del siglo XXI, somos llamados a participar. No pretendemos tener todas las respuestas. Sabemos que erramos con frecuencia, pero puestos los ojos en Jesús, el autor y consumador de nuestra fe, navegamos hacia la consumación final de la voluntad de Dios.

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(1) Efesios 1:4
(2) Mateo 16:18
(3) 1 Corintios 12:11
(4) Romanos 16:16
(5) 1 Corintios 7:21-22
(6) Gálatas 3:28
(7) Hechos 27:2
(8) Juan 13:1-20
(9) 1 Corintios 11:2-16
(10) Juan 17:15-16
(11) 1 Timoteo 1:19-20, 4:1-4
(12) 1 Pedro 2:9

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El comienzo de las diferencias

En el artículo anterior exploramos nueve razones por las que cabe esperar que en el mundo religioso abunden diversas doctrinas. Pero ¿cómo empezó la diversidad?  En realidad, antes de abordar esta pregunta tenemos que contestar otra aún más fundamental. En el primer artículo dijimos que a leer la Biblia, particularmente el Nuevo Testamento, nos quedamos con la impresión de que los escritores bíblicos estaban convencidos de que lo que escribían era doctrina de Dios. ¿Estaban en lo correcto o se equivocaron pensando que sus escritos comunicaban  doctrina verdadera? ¿Realmente se comunicó Dios con la Iglesia naciente o no hubo ninguna comunicación de su parte? ¿Hubo mandamientos y verdades verbalmente expresarles o fue la comunicación de Dios en la forma de algún tipo de sentimiento religioso individual en el corazón de cada creyente?

Estas preguntas son absolutamente fundamentales. De su respuesta depende todo lo que digamos a continuación. En esta serie sobre las doctrinas y la iglesia no tenemos espacio para desarrollar este tema con profundidad. Aquí simplemente vamos a asumir que Dios sí se comunicó, que sí hubo mandamientos y verdades expresas dadas a la iglesia primitiva. De no ser así, ninguna discusión sobre ningún asunto doctrinal, tendría sentido. En vez de doctrinas tendríamos que hablar de conveniencias, preferencias o tendencias. Pero, si a la iglesia primitiva se le enseñó una doctrina verdadera, ¿cómo, cuándo y dónde surgieron variantes significativamente diferentes de dicha doctrina?

Lea 1 Timoteo 4:1-5; 2 Timoteo 4:3-4; Hechos 20:28-30. Al poco tiempo de iniciada la iglesia, durante la primera y la segunda generación de creyentes, ya se veían surgir en los distintos puntos de influencia cristiana, errores y tendencias peligrosas que fueron la ocasión de severas advertencias por parte de los escritores bíblicos. Con el paso del tiempo estas tendencias y nuevos errores fueron tomando fuerza y dando forma a una iglesia que, aunque procede históricamente de la que iniciaron Jesús y sus apóstoles, es sumamente diferente. 

Uno de esos cambios tiene que ver con la organización de las iglesias. Cuando leemos el Nuevo testamento, nos damos cuenta de que la organización de las iglesias primitivas era muy sencilla. Mediante la proclamación del mensaje de Jesús, la iglesia que había empezado en Jerusalén, a principios de los años 30 d. C., había crecido exponencialmente y se había extendido por una basta zona del imperio romano, incluyendo Roma misma, la capital del imperio. ¿Qué tipo de organización tuvo aquella gran iglesia intercontinental?

Los últimos libros del Nuevo Testamento fueron escritos a mediados de los años 90 d. C., unos 60 años después de que se iniciara la iglesia en Jerusalén. Sin embargo, en ninguna parte del Nuevo Testamento se hace referencia alguna a ninguna institución terrenal que pudiera representar un gobierno central humano de la iglesia universal.

Lea Efesios 1:22 y Coloreases 1:18. Las cartas a los Efesios y los Colosenses fueron escritas alrededor del año 62 d. C. Para entonces ya había comunidades cristianas en todas las principales ciudades del imperio romano. ¿cómo se refiere Pablo a este creciente el número de creyentes diseminados en los extensos territorios dominados por Roma? Ellos son la iglesia, sin más ni menos. La iglesia no tiene nombre propio porque no hay nada que provenga de sus miembros que valga la pena distinguir o resaltar. Su único distintivo es su Fundador, Salvador y Gobernador: Cristo. ¿Qué significa esto en la práctica?

Veamos algunos ejemplos. La iglesia primitiva no es la Iglesia Romana porque lo que los distingue no es su lealtad a un imperio o a una nación, sino la fe que los une a Cristo. No es la iglesia Paulina en mi Petrina, porque Pablo y Pedro son simplemente siervos de Cristo, y no están en competencia el uno contra el otro. No es la iglesia carismática, porque la gloria no está en los carismas sino en aquel que los da, es decir Cristo. 

Lea Efesios  4:1-6. Para el apóstol Pablo no hay más que una iglesia. Hay una sola fe y una sola autoridad sobre  la iglesia universal la cual es Jesucristo. En cualquier parte del imperio, cualquier persona dispuesta a creer en la fe de Jesucristo es añadida por Cristo a la iglesia universal mediante un solo bautismo (Lea Hechos 2:47 y 1 Corintios 12:12-13). Todos los creyentes tienen la misma esperanza y el mismo Espíritu. Todos adoran al mismo Dios, a quien reconocen como Padre de todos, declarándose así hermanos los unos de los otros. Pero ¿cómo se organiza esta iglesia universal a nivel local? ¿Como practican los creyentes en sus respectivos lugares ser Pueblo Nuevo de Dios, Iglesia de Jesucristo?

En sus respectivas comunidades los cristianos se unen como familia novedosa de Dios bajo la dirección de un grupo de hombres a quienes llaman ancianos, obispos o pastores (Lea 1 Timoteo 3:15 y Tito 1:5, Hechos 20:28). Los ancianos no representan ningún poder arbitrario o autónomo. Su función es dirigir sus respectivas comunidades siguiendo las directrices de la única cabeza, que es Cristo (Lea 1 Pedro 5:1-2). Ninguno de ellos tiene supremacía sobre los demás, Ni ejerce autoridad sobre otras comunidades distintas a la suya, porque la única autoridad de la Iglesia es la de Cristo (Lea Mateo 28:18).

Esta práctica empezó a cambiar a partir del siglo II. Muy gradualmente, en las iglesias, uno de los ancianos empezó a ostentar más autoridad que los demás. Poco a poco la palabra "obispo" empezó a usarse de una manera exclusiva para designar a esta persona, a quien se le atribuía la autoridad máxima en la iglesia local. No olvidemos que bajo la dirección de Cristo en la iglesia del primer siglo las palabras obispo, anciano y pastor se referían intercambiablemente al mismo grupo de personas y la única autoridad máxima era Jesucristo.

En el año 325 d. C., en el llamado «concilio» de Nicea, convocado por el emperador Constantino, los obispos fueron reconocidos oficialmente y recibieron privilegios, prestigio y autoridad sobre las iglesias afiliadas a sus respectivos distritos metropolitanos, aunque se mantuvo la independencia de cada obispo en relación con otros y sus respectivos distritos. Como bien lo anota Justo González, el nuevo poder impartido los obispos "pronto los llevó a cometer actos de arrogancia y corrupción." (Ver «The Story of Christianity, Vol 1, de Justo L. Gonzalez) Con mucha razón los cristianos del primer siglo insistieron en su doctrina y su práctica sobre la necesidad de mantenerse fieles únicamente a la autoridad de Jesucristo. El deseo de poder y gloria han sido siempre grandes tentaciones para los seres humanos (Lea 3 Juan 1:9).

Durante los 250 años siguientes el prestigio y el poder de ciertos obispos fue aumentando significativamente. Diversos factores políticos, sociales y eclesiásticos contribuyeron para fomentar la jerarquía y la concentración del poder en los líderes religiosos. Así, los obispos de Jerusalén, Antioquía, Alejandría, Constantinopla y Roma se convirtieron en los líderes más prominentes de la iglesia. Al poco tiempo, surgieron diversas y enconadas luchas de poder entre los líderes de oriente y occidente. Realmente se estaban disputando el puesto de «Obispo universal». De hecho, ya en el año 190 d. C. el obispo Víctor de Roma, había pretendido el título de «Obispo Universal», pero las iglesias en aquel entonces no lo tomaron en cuenta. 

En el año 595 d. C. Juan IV de Constantinopla, pretendió ese título para la sede de Oriente. Sin embargo, Bonifacio III, obispo de Roma, dada la amistad que tenía con el emperador bizantino Flavio Focas Augusto logró que éste le concediera  por decreto en el año 606 d. C., en contra de Ciríaco, sucesor de Juan IV, el poder para ser "cabeza de todas las iglesias" y que el título de "Obispo Universal" designara exclusivamente al obispo de Roma (Ver el artículo en la Enciclopedia Católica). 

Así fue como paulatinamente surgió la Iglesia Católica con su formidable jerarquía. La palabra "católica" significa universal y las primeras veces que los cristianos la usaron querían decir la iglesia universal de Jesucristo. Sin embargo, ni la estructura jerárquica, ni muchas otras prácticas que caracterizan a la que hoy conocemos como la Iglesia Católica Romana, reflejan la doctrina y la práctica que encontramos en los escritos del Nuevo Testamento. Si bien la Iglesia Católica moderna surgió de un proceso histórico a partir de la iglesia del primer siglo, acerca de la cual habla la Biblia, tal iglesia es hoy sustancialmente diferente. El aparato jerárquico que la caracteriza no es una simple adaptación histórico-cultural necesaria. Al contrario, se aparta notablemente de la doctrina bíblica al sustituir el modelo de autoridad espiritual que enseñó Jesús por uno meramente humano y político.

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¿Porque tantas doctrinas diversas?

En el artículo pasado veíamos que la doctrina cristiana es el conjunto de enseñanzas que recibimos de Dios. Si Dios ha enseñado y si tenemos acceso a sus enseñanzas por medio de los escritos bíblicos, ¿por qué tan diversas religiones en el mundo y tantas iglesias cristianas diferentes? ¿Es que la doctrina de Dios es muy difícil, o que en materia de religión hay que conformarse con los gustos, preferencias y opiniones de cada quien? Este parece ser el punto de vista de muchas personas en nuestros días. De hecho hay incluso un creciente número de creyentes para quienes la doctrina es algo completamente secundario. Muchos prefieren no hablar de temas doctrinales porque suponen que las creencias religiosas no son nada más que puntos de vista muy personales de cada quien. ¿Pero realmente la fe pertenece el plano de las opiniones o es que los humanos somos propensos a errar? Lo cierto es que pensar con juicio y buscar con acierto la verdad no son tareas fáciles y hay varios factores que interfieren con nuestra búsqueda.

Lea 2 Tesalonicenses 2:10. ¿Cuál es aquí un factor clave para no caer en el error? El amor a la verdad. Para aprender hay que querer aprender. Hay que aceptar que uno no sabe y estar dispuesto a renunciar a la ignorancia. Con frecuencia nos entusiasmamos con la idea de aprender algo nuevo, un idioma por ejemplo, pero no tenemos suficiente interés para continuar estudiando hasta lograr realmente aprenderlo. Lo mismo pasa en materia de fe. Por una parte es difícil reconocer que no sabemos algo; y por otra, hay muchas cosas en nuestro presente inmediato que compiten por nuestro interés y solemos posponer la reflexión seria que supone la búsqueda de la verdad. Pero el problema puede ser más hondo que la simple falta de interés.

La superstición juega un papel importante. La superstición es fascinación por lo mágico. Es una forma simple de encontrar inmediatamente explicaciones y esperanzas sin tener que pensar en razones válidas para sustentarlas. El musulmán que escribe en el fondo de una tasa con tinta soluble un verso del Corán y que luego lo diluye en agua para tomárselo con el fin de alejar de si los malos espíritus o curarse un dolor de estómago ha optado por una creencia supersticiosa. Igual sucede con el cristiano que cierra los ojos, abre la Biblia y apunta con el índice en cualquier parte de la página con el fin de saber cuál es la voluntad de Dios para él en ese momento.

Hay ideas que nos vienen a la mente y que nos hacen sentir bien. En diciembre, la idea de una fábrica de juguetes en el polo Norte con duendes y un señor gordo vestido de rojo que el 24 surca los cielos en su carruaje tirado por venados para regalarle juguetes a los niños buenos se oye bonita y emocionante. Los niños emocionan y son felices con el cuento y muchos adultos lo siguen para no quitarles la emoción a los niños. Esto mismo puede pasar con muchas ideas religiosas. Nos hacen sentir bien y nos encariñamos con ellas. Luego se nos hace muy difícil dejarlas. Para encontrar la verdad hay que tener valor para cuestionar lo que creemos y renunciar a cualquier doctrina que no se pueda sustentar mediante una evidencia sólida. Creer una doctrina sin evidencias es como pretender dibujar el mapa de una ciudad que uno no conoce, encerrado en su cuarto, haciendo trazos con los ojos cerrados.

Por otra parte, evaluar la evidencia en pro o en contra de una doctrina tampoco es fácil. Hay que ser muy honesto. Las evidencias que acumulamos son los datos que nos permiten determinar la realidad de la doctrina. ¿Es verdadera o falsa? ¿Es de Dios o de los hombres? La realidad es lo que es, a pesar de lo que uno crea al respecto de ella. Sin embargo, comúnmente, como nos encariñamos con nuestras creencias, solemos solamente prestar atención a aquellos datos que confirman nuestra creencia, menospreciando los que la desmienten. Pero si queremos encontrar la verdad, debemos esforzarnos para ser imparciales a la hora de justipreciar las evidencias.

Lea Hechos 17:1-2. Para buscar la verdad, con frecuencia es necesario escuchar los argumentos de otros y articular los propios cuidadosamente. Argumentar no es pelear con insultos y arrogancia para defender la posición propia. Es buscar la evidencia que nos permita darle la razón a la verdad. Evadir el argumento es rechazar la ayuda que otros pueden ofrecernos en la búsqueda de la verdad. Desafortunadamente lo que a menudo sucede es una de dos cosas: o argumentamos irracionalmente con el fin de mantener a toda costa nuestra posición propia, o evadimos por completo el debate, encerrándonos inevitablemente en nuestras propias creencias, sean estas verdaderas o no.

Otro factor importante a tomar en cuenta es que todos somos falibles. Las mentes más brillantes han cometido errores en sus razonamientos y se han encontrado con los límites de sus propias conclusiones. Por miles de años personas muy brillantes pensaron que la tierra era plana. Los físicos más sobresalientes de la antigua Grecia no podían explicar el movimiento de los planetas alrededor del sol. Es claro, pues, que para buscar la verdad es necesario ser humildes. Ser humilde significa estar dispuestos a reconocer las fallas propias y a corregirlas de inmediato. El problema es que la humildad no es una virtud innata, espontánea y automática en los humanos. Hay que cultivarla.

Lea Juan 8:31-32. Para encontrar la verdad es necesario permanecer. Permanecer significa insistir en la búsqueda día con día. Es aprender permanentemente. Implica ocuparse en el estudio y la investigación. Una persona que no estudia ni es consistente suele cambiar fácilmente el significado de las escrituras. Lea 2 Pedro 3:15-16.

La tradición es otro factor que influye en la prevalencia de distintas creencias religiosas. La tradición es el resultado de prácticas, costumbres y creencias que se arraigan con el tiempo en una comunidad. Lea Mateo 15:1-9. Con frecuencia las tradiciones se convierten en verdades indiscutibles. Así por ejemplo, según una tradición musulmana, Mahoma fue llevado al cielo por el ángel Gabriel y allí Dios le dio instrucciones sobre cómo deberían los hombres adorarle. Alá exigió que hicieran rituales de oración 50 veces al día. Moisés, quién habita en el sexto cielo, le preguntó a Mahoma que le había dicho Alá. Cuando Mahoma le contó que había pedido rituales de oración 50 veces al día, Moisés le dijo que eso era una carga demasiado grande para los hombres y lo convenció de que regresara a Alá y negociará requisitos menos gravosos. Esto sucedió cinco veces, después de las cuales Alá accedió a que sólo se practicaran cinco rituales al día. Moisés pensó que eso todavía era mucha carga, pero a Mahoma le dio vergüenza volver a regatear con Alá. Igual que los musulmanes, los cristianos también han acumulado un gran número de tradiciones en las que muchos creen sin pensarlo dos veces. Tenemos, por ejemplo, las múltiples apariciones de santos y vírgenes, como es el caso de la aparición de la virgen de Guadalupe al indio Juan Diego.

Finalmente lea Romanos 1:18-23. según el apóstol Pablo el problema empieza con la injusticia y la impiedad que caracteriza la raza humana. No estamos contentos con la idea de un Dios soberano que dirija nuestra vida. Añoramos pensar y actuar independientemente. Nos emociona la idea de creer que sabemos cosas. No amamos a Dios lo suficiente como para dedicar nuestra mente y corazón a conocerle y a saber su voluntad con el fin de ponerla por obra. Por consiguiente, no debe extrañarnos que cada día aumente más el número de religiones, sectas, denominaciones y cultos religiosos por todo el mundo.

¿De donde, pues, surge toda esa diversidad? Estos son los factores que hemos mencionado en este artículo. La diversidad de creencias proviene de:

  1. La falta de amor y compromiso con la verdad.
  2. La facilidad con que muchos tercian por la superstición.
  3. El apego nuestros sentimientos agradables aunque procedan del error.
  4. La indisciplina a la hora de acumular y sopesar evidencias que sostengan o desmientan lo que creemos.
  5. Rehusar el buen diálogo.
  6. La falta de humildad.
  7. La falta de consistencia y estudio.
  8. Mantener prácticas y costumbres tradicionales de nuestras respectivas comunidades sin plantearnos ningún cuestionamiento.
  9. Rechazar la autoridad de Dios.
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Esto dice un artículo publicado en el Dallas Morning News el pasado sábado, 21 del 2015. La industria de las prisiones en Estados Unidos genera 80 millones de millones de dólares por año, principalmente a costillas de las minorías y de las gentes pobres. Las cárceles privadas, con ánimo de lucro, se llevan una buena tajada de esta fenomenal suma cada año. Corrections Corp. Of America es el sistema más grande y lucrativo de la nación, con 60 cárceles donde están recluidos más de 70.000 presos. De hecho CCA y GEO, otra compañía de cárceles, ganaron 3 billones de dólares el año pasado. Las prisiones lucrativas son parte de un sistema judicial corrupto que con frecuencia atropella a los más vulnerables. Cuando los encarcelados salen, el sistema sigue exprimiendolos, a ellos y a sus familias, persiguiéndolos por no pagar multas y costos de corte. Según un reciente estudio de el "Ella Baker Center for Human Rights", el 80% de los que pagan el costo de los convictos son mujeres, y por supuesto el 44% de ellas son afroamericanas. Ellas pagan los costos de la corte, los honorarios legales, los cargos por las visitas, depositan dinero en las cuentas de los convictos y desembolsan efectivo para cubrir los costos de llamadas a larga distancia. Lo que le cuesta a una familia pobre mantener un convicto en la cárcel es aproximadamente $14.000.
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La doctrina y la iglesia

Un estudio sobre el significado de la doctrina y lo que la Biblia enseña respecto a los temas más sobresalientes de nuestra relación con Dios.

Introducción

  1. ¿Qué es doctrina y qué retos encontramos al hablar de doctrina hoy en día? Artículo -  VideoCuestionario 
  2. El origen de las doctrinas Artículo -  VideoCuestionario
  3. ¿Como empezaron las diferencias? Organización y autoridad en la iglesia ArtículoVideo - Actividades: Centros de influencia CristianaDesarrollo del papado, Fechas Importantes, Escritos bíblicos durante el primer siglo.
  4. Más cambios doctrinales en la iglesia -ArticuloCuestionarioVideo - Actividades: Pareo de versos bíblicosAlgunas Fechas Importantes
  5. Discrepancias, cismas y denominaciones - ArtículoCuestionario -Video - Actividades.

Doctrinas en la iglesia

  1. Dios (Parte 1) - Artículo -CuestionarioVideo - Actividades
  2. Dios (Parte 2) ¿Qué piensan los Mormones acerca de Dios? Artículo  -  Video
  3. Dios (Parte 3) ¿Qué creen los musulmanes acerca de Dios:Artículo  - Video - Cuestionario.
  4. Dios (Parte 4) ¿Qué creen los Testigos de Jehová acerca de Dios? ArtículoVideo.
  5. Dios (Parte 5) El Espíritu Santo - Artículo
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Las doctrinas y la iglesia

A veces oímos personas que dicen cosas así como: "háblame de Dios pero no me hables de doctrina", o "leo la Biblia pero no me gusta hablar de doctrina", o incluso "hablemos del Evangelio, pero no de doctrina" ¿Que quieren decir estas frases? ¿Son correctas o no? ¿Tienen sentido? ¿Por qué? ¿Existe alguna relación entre la doctrina y la Iglesia? ¿Puede haber iglesia sin doctrina? En los próximos vídeos vamos a considerar estas preguntas a fondo.

Empecemos diciendo que la palabra doctrina viene del griego διδαχή  (didaché) que sencillamente significa enseñanza. En su sentido más original doctrina no es otra cosa que enseñanza. Sin embargo en su uso regular la palabra puede tener varias acepciones. Esto puede dar lugar a confusiones.

El diccionario de la Real Academia Española, por ejemplo, nos da varios significados. Primero dice que «doctrina» es una enseñanza que se da para la instrucción de alguien. «Doctrina» también puede ser una norma científica o un paradigma. Además, la palabra «doctrina» se puede usar para referirse a un conjunto de ideas religiosas, filosóficas o políticas sustentadas por una persona o un grupo de personas. Por otra parte, muchas veces cuando se dice, por ejemplo, que un niño va a la doctrina, se da a entender que va a una clase donde le enseñan el catecismo. Como podemos ver, cuando usamos la palabra «doctrina» tenemos que tener en claro qué es lo que queremos decir. Veamos el siguiente ejemplo.

Alguien me dice: «Quiero que leamos la Biblia, pero no hablemos de doctrina.» ¿Qué me quieren decir? Puedo entender la frase en dos sentidos:

(1) Quiero leer la Biblia pero no quiero que traten de inculcarme las opiniones o creencias de ningún grupo religioso.

(2) Quiero leer la Biblia pero no quiero que me enseñen nada.

Respecto al primer punto estoy totalmente de acuerdo. Debemos leer la Biblia con frescura, no con el propósito de apoyar una ideología. Con el segundo punto no puedo estar de acuerdo porque la Biblia es un libro de enseñanzas. Si la leemos, es para aprender.

¿Por qué la palabra «doctrina» genera confusiones y en muchos casos sentimientos negativos? Lo que pasa es que durante los 2000 años de existencia del cristianismo las opiniones y creencias de diversos líderes religiosos se han convertido en doctrinas oficiales de distintas iglesias, no pocas veces generando profundas enemistades y hasta guerras cruentas. Así pues, hoy por hoy, cuando alguien habla de doctrina, uno puede suponer que se está refiriendo al credo particular de alguna iglesia. Puesto que se han presentado tantas discusiones amargas y tantas enemistades por causa de la religión, no es extraño que muchos sientan una fuerte aversión hacia la palabra "doctrina".

Éste fenómeno no es nada nuevo. Lea Mateo 16:5-12. Después de que los discípulos dudaron y cavilaron un rato, por fin entendieron, según nos dice el verso 12, que el Maestro les había dicho que se guardasen de la doctrina de los fariseos y los saduceos. ¿Qué es la doctrina de los saduceos y los fariseos? Obviamente se trata del conjunto de enseñanzas y tradiciones que estos dos grupos de maestros pertenecientes a la religión judía habían venido acumulando de generación en generación. 

¿Porqué les dijo Jesús a sus discípulos que se guardasen de la doctrina de los fariseos y los saduceos? Claramente Jesús pensaba que esa doctrina era errónea y que le hacía daño a la gente. Según la metáfora que Jesús usó, una mala doctrina puede llegar a contaminar todo un grupo así como la levadura leuda toda la masa. Tal vez con un poquito de reflexión todos podemos mencionar ejemplos de cómo ciertas doctrinas políticas, filosóficas, sociales o religiosas han dañado grupos sociales enteros con consecuencias tristemente lamentables. 

Jesús tenía razón. Uno debe ser cauteloso con relación a las doctrinas que aprende o propaga. ¿Pero qué alternativa presentó Jesús? Hoy en día hay muchas personas que quieren tener fe en Dios, y hasta en Jesús, pero sin comprometerse con ninguna doctrina. ¿Era eso lo que Jesús le estaba diciendo a sus discípulos en el primer siglo? ¿Acaso les estaba pidiendo que tuvieran una fe sentimental, subjetiva, sin ningún contenido? ¿Acaso es esa la mejor manera de vivir nuestra fe en Dios? A decir verdad, esto es una forma de doctrina o enseñanza muy común en muchos círculos modernos. Uno oye decir cosas como: "El que salva es Jesús, no la doctrina." O "no importa la iglesia que vayas con tal que creas en Jesús." ¿Fue esto lo que Jesús le enseñó a sus discípulos cuando estuvo en la tierra? En realidad, no.

Jesús era un Maestro. Durante su vida terrenal él compartió su enseñanza con sus discípulos. Él consideró que sus palabras eran autoritativas en contraste con las enseñanzas de sus oponentes. Por consiguiente enseñó a sus discipulos que guardaran su doctrina o enseñanza sin mezclarla con la doctrina de los fariseos y saduceos. Lea Mateo 7:24-29, 22:23-33, Marcos 7:1-7

Otra idea muy frecuente en nuestros días es que la doctrina y el amor son incompatibles. Oímos decir que la base de la unidad debe ser el amor y no la doctrina. Esta afirmación es muy ambigua y por consiguiente peligrosa. ¿Qué significa? ¿Que debemos dejar a un lado las enseñanzas de la Biblia y sustentar nuestra convivencia de fe en los afectos que podamos sentir los unos para con los otros? ¿O que debemos ser leales con nuestro Maestro y nuestros condiscípulos, aprendiendo cada día  ser pacientes, tolerantes y considerados los unos con otros?

Hay mucha diferencia entre estas dos posturas. La primera implica que el sentimiento manda. No hay que pensar, sólo amar. Pero el amor es sólo un sentir positivo hacia el otro.  Para mantener el afecto hay que renunciar a la doctrina.

Esta incompatibilidad es totalmente extraña en la Biblia. Es más bien el resultado de una forma moderna de pensar en la que los sentimientos de cada individuo son lo más importante.

Lea Juan 14:15. Amar a Jesús, conocer sus mandamientos, y cumplirlos no son cosas incompatibles. Al contrario, el deseo de aprender de Jesús y de poner en práctica sus enseñanzas es la expresión más verdadera del amor que le profesamos. Tal parece que Jesús está más interesado en que aprendamos sus mandamientos y los hagamos que en que nos emocionemos con la idea de que lo amamos mucho. Amar aquí es ser leales a Jesús, sus propósitos y sus enseñanzas.

Lea Efesios 4:15. Para el apóstol Pablo el amor y la verdad no son incompatibles. Todo lo contrario, buscar la verdad, aprender la verdad, hablar la verdad son actos de amor verdadero. Enseñar mentira o ser indiferente frente al error son actos contrarios al amor por qué el que así actúa no mide las consecuencias que una doctrina falsa puede tener en la comunidad de discípulos.

Lea 1 Pedro 3:15. Tener convicciones firmes y estar dispuestos a defenderlas no conduce necesariamente a peleas amargas y enemistades largas. El verdadero discípulo de Cristo debe saber presentar sus razones con toda mansedumbre y reverencia. Los pleitos y los insultos no son el resultado de la doctrina de Cristo, sino de nuestra soberbia y egoísmo. No hay que eliminar la doctrina. Hay que eliminar la soberbia.

Lea Apocalipsis 1:18 - 29. Aunque la iglesia en Tiatira tenía mucho amor, mucha fe, hacía muchas obras, era muy servicial y tenía mucha paciencia, Jesús la recriminó por tolerar la enseñanza de doctrinas falsas y extremadamente peligrosas en su seno.

Finalmente lea Judas 3. El escritor alienta sus lectores a luchar vehementemente por la fe que Dios les dio una vez y para siempre.

El tema de la doctrina y la iglesia ha generado grandes controversias a lo largo del tiempo. Muchos creyentes hoy están optando por minimizar al máximo este asunto. La única esperanza que ven es conformarse con el sentimiento religioso personal: Sentir a Dios, ser tolerante y acogedor y renunciar a cualquier búsqueda real de la verdad en términos doctrinales. Con frecuencia oímos decir que la verdad es Jesús, una persona y no una doctrina. Por elegante y llamativa que sea esta afirmación, lo cierto es que es ambigua e incierta. Al final libera a cada individuo para que crea lo que quiere y se forme la imagen que quiera de Jesús. Esta expectativa de libertad total de los individuos en todos los ámbitos de su existencia buscando su propia realización en el mercado libre es muy común en nuestra sociedad. Pero no así en los tiempos bíblicos.

En la Biblia encontramos otros parámetros. Escribiendo muchos  años antes del auge moderno del individualismo y el subjetivismo, los escritores bíblicos asumieron que la doctrina verdadera es el conjunto de enseñanzas provenientes de Dios y escribieron sus libros y sus cartas convencidos de que eran afines a dichas doctrinas y de  que lo hacían con el fin de comunicarlas. En esta serie sobre «Las doctrinas y la iglesia» exploraremos el surgimiento de diversas doctrinas religiosas tradicionales y hablaremos de las enseñanzas que ofrece la Biblia sobre los temas más sobresalientes que tiene que ver con nuestra relación con Dios. Síganos y siéntase libre para dejas sus comentarios.

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Quizlet es una aplicación que puede descargar en su teléfono para crear fichas mnemotécnicas que incorporan audio. Usted puede crear una cuenta y compartir sus fichas con otros estudiantes y con los profesores.

Si gusta puede ver algunos videos para familiarizarse con el uso de la aplicación de Quizlet.

Le recomendamos iniciar con la siguiente clasificación por carpetas (folders) y grupos de fichas (Study Sets) bajo las carpetas:

  • Carpeta de Vocabulario. Debe incluir aquí la palabra, la transcripción al AFI y la traducción. En esta carpeta usted puede incluir los siguientes grupos de fichas (Study sets):
    1. Vocabulario por situación  (Ejemplo, empleo, deportes, compras, viajes, etc.)
    2. Palabras que nombran cosas, personas, animales o lugares (Nombres)
    3. Palabras que describen cosas, personas animales o lugares (Adjetivos)
    4. Palabras que denotan acciones, estados o movimientos (Verbos)
    5. Palabras que sustituyen nombres (Pronombres)
    6. Palabras que relacionan o vinculan palabras entre sí (Preposiciones y conjunciones)
    7. Palabras que cómo, cuando, dónde pasa una acción o un estado (Adverbios)
    8. Palabras que sirven para hacer preguntas (Pronombres interrogativos)
    9. Palabras que determinan un nombre (Artículos)
  • Carpeta de frases. En las respectivas lecciones tenemos varios ejemplos de este tipo de fichas, pero usted puede añadir sus propios ejercicios con sus propio vocabulario. Para practicar las frases usted puede usar los siguientes tipos de ejercicios:
    1. Ejercicio de sustitución. La práctica del cambio o sustitución de una palabra por otro.
    2. Ejercicio de contraste. La práctica del contraste de una estructura con otro, Ejemplo: Presente con pasado
    3. Ejercicio de llenar el blanco. La práctica de suplir la palabra o palabras que faltan para completar una frase.
    4. El ejercicio de producción. La práctica de producir una frase cuando se nos da otra. Ejemplo: Pregunta - respuesta; Comentario - observación adicional.
  • Carpeta de pronunciación. En las respectivas lecciones hemos incluido varios ejercicios para practicar las pronunciaciones que son más problemáticas para los hispano hablantes, pero si usted desea puede incluir sus propios ejercicios. Los ejercicios de pronunciación incluyen:
    1. Repetición: La práctica de varias palabras que empiezan con el mismo sonido.
    2. Diferenciación: La práctica de palabras que tienen un sonido particular en distintas sílabas.
    3. Contraste: La práctica de sonidos similares en distintas palabras. Ejemplo. /v/ y /b/
  • Carpeta de Situaciones. Incluya aquí las situaciones nuevas que usted vaya elaborando conforme a los modelos dados en cada lección. Por cada situación necesita dos grupos de fichas (Study Sets):
    1. Su situación - Práctica de pronunciación
    2. Su situación - Práctica de producción del diálogo
  • Carpeta de historias. En cada lección hay ejemplos de historias, pequeños monólogos que usted puede decir, pero le recomendamos que usted componga sus propias historias siguiendo los modelos de las lecciones y que las incluya en esta carpeta. Por cada historia usted necesita dos grupos de fichas (Study Sets):
    1. Su historia - Práctica de pronunciación
    2. Su historia Práctica de producción con palabras clave.

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¿Cómo establecer límites?

En su video de 15 minutos Michael Woods M.A. propone claramente las bases para establecer límites firmes y saludables con nuestros hijos. Los límites son reglas que controlan el comportamiento. ¿Qué se puede y qué no se puede hacer? ¿Dónde? ¿Cuándo? ¿Cómo? El problema es que en la edad temprana, cuando aprendemos el valor, la firmeza y la necesidad de los límites, no tenemos la capacidad mental para entender conceptos abstractos. Según Jean Piaget, «el razonamiento y el aprendizaje de los niños es cualitativamente diferente al de los adultos. Los niños piensan y aprenden cosas concretas. En ellos la experiencia directa juega un papel mucho más significativo en su comprensión de la realidad.» Esto quiere decir que los niños basan sus creencias, percepciones y pensamientos sobre lo que es y lo que pasa en su hogar o en su escuela en sus experiencias cotidianas concretas. Los adultos, por el contrario, oímos o leemos y razonamos para entender qué pasa a nuestro alrededor y cómo son las cosas. Así, pues, si uno le dice a un niño que no juegue con el bate en la sala de la casa, pero él sigue jugando y no pasa nada, ¿qué aprende el niño respecto a esta regla? Obvio: Que está bien jugar con el bate en la sala, pese a lo que los papás le digan. Sin embargo, si cada vez que no cumple la regla, o traspasa el límite impuesto, le quitan el bate por el resto del día, probablemente pronto aprenderá que la regla quiere decir exactamente lo que dice, porque él ahora tiene un experiencia concreta sobre lo que significa la regla.

Cuando establecemos límites usamos palabras y acciones. Ambas cosas comunican un mensaje sobre cómo son las cosas en la casa, la escuela, el vecindario, en el parque o el supermercado. Pero únicamente las acciones son concretas y, por consiguiente, para los niños son las acciones las que definen las reglas. Los niños probarán los límites. Ellos quieren saber qué tan reales son las reglas y que tan lejos pueden ir. Unos niños son más voluntariosos que otros y querrán probar una y otra vez a ver si pueden hacer lo que en el momento quieren. Pero si los padres insisten consistentemente en las reglas y las acciones que les siguen, los chicos pronto se darán cuenta de que las cosas realmente son como los padres dicen.

¿Cómo estudian los niños la realidad? ¿Cómo llegan a darse cuenta de qué tanta autoridad tiene usted realmente? ¿Cómo saben si cuando usted dice una cosa realmente está seguro de ella? ¿Cómo se percatan de que sus acciones tienen consecuencias? Realmente no es a través de conferencias, lecturas o razonamientos. Seguramente, jamás van a venir a usted con una hoja y lápiz a hacerle estas preguntas. Lo que hacen es que prueban. Sienten el deseo de hacer algo que no está permitido o no quieren hacer algo que debe hacerse en un determinado momento y lugar y actúan para ver qué pasa. Es entonces cuando las acciones de los adultos tienen que comunicar el mensaje en una forma concreta y clara. 

¿Cómo pues podemos establecer límites que nuestros niños respeten? Para establecer límites efectivos los padres tenemos que lograr un balance de amor, respeto y firmeza. Lo podemos hacer recordando las siguientes pautas:

  1. Asegúrese de que sus mensajes son directos, claros, específicos y se enfocan en lo que usted quiere positivamente y no en la simple prohibición.  Por ejemplo, puede decirle al niño: «Prefiero que en la sala juegues con tus legos en vez del bate» 
  2. Provea dos opciones para que el niño escoja. Por ejemplo: «Prefieres jugar con tus legos en la sala o practicar con tu bate en el patio?»
  3. Establezca las consecuencias para que el niño asuma responsabilidad por sus actos. Por ejemplo: «Tendré que decomisarte el bate por el resto del día si sigues jugando con él en la sala.»

¿Cómo puede uno comunicar lecciones claras y positivas? Considere las siguientes pautas:

  1. No use palabras provocativas que inviten al chico a pelear con usted. No le diga: «¡Cómo eres de bruto! ¡No juegues con esa cosa adentro! ¿No ves que vas a romper algo?
  2. Sea breve. Recuerde que entre menos palabras use mejor será la lección.
  3. Controle su tono de voz. Usted no debe indicar que está asustado, ansioso, estresado o rabioso. Su tono de voz debe comunicar que usted es firme y está en control. Si los chicos perciben que usted está perdiendo el control, tendrán más ganas de probar sus límites y continuar en su lucha por el poder.
  4. Al establecer las opciones que el niño tiene, asegúrese de que siempre hay una tercera opción implícita. Usted decidirá, si ellos no lo hacen.
  5. Todas las veces que el niño ponga a prueba sus límites, asegúrese de que usted hace que la consecuencia se cumpla.

Vea también la lista de pasos para establecer límites.

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